sábado, 29 de outubro de 2016

Emma Goldman: la mujer nueva y el feminismo de las libertarias

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Emma Goldman (Kowno 1869/Toronto 1940) fue considerada durante mas de 30 años como el enemigo publico numero uno en los Estados Unidos, no por cometer actos violentos, sino por utilizar el arma mas peligrosa que está a mano de todo ser humano: la razón.
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Anarquista de origen lituano conocida por sus escritos y sus manifiestos radicales, libertarios y feministas, fue una de las pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer.
Emma Goldman nació el 27 de junio de 1869, en el seno de una familia judía de Kaunas en Lituania, que regentaba un pequeño hotel. Durante el periodo de represión política que siguió al asesinato de Alejandro II y cuando contaba 13 años, se trasladó con su familia a San Petersburgo.
Emigró a los Estados Unidos con una hermanastra tras el enfrentamiento con su padre que pretendía casarla a los 15 años. El ahorcamiento de cuatro anarquistas (Mártires de Chicago) a consecuencia del motín de Haymarket, animó a la joven Emma Goldman a unirse al movimiento anarquista y convertirse, a sus 20 años, en una auténtica revolucionaria. En esa época se casó con un emigrante ruso. El matrimonio apenas duró 10 meses, Emma se separó y se fue a New York. Continuó legalmente casada para conservar su ciudadanía americana.
En New York conoce y convive con Alexander Berkman y pasa a ser la principal dirigente del movimiento anarquista de los Estados Unidos. Su apoyo a Berkman en la tentativa de asesinato de Henry Clay Frick la hizo todavía más impopular frente a las autoridades americanas. Berkman fue encarcelado durante varios años.
Emma fue encarcelada, asimismo, en 1893 en la penitenciaria de las islas Blackwell. Públicamente instigó a los obreros en paro a Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan. Esta cita es un resumen del principio de expropiación preconizada por los anarco-comunistas como Piotr Kropotkin. Voltairine De Cleyre salió en defensa de Emma Goldman en una conferencia dada tras su apresamiento (In defense of Emma Goldman). Mientras permaneció en prisión, Goldman, desarrolló un profundo interés por la educación de los niñxs, empeño en el que se involucró años más tarde.
Junto con nueve personas más fue de nuevo arrestada el 10 de septiembre de 1901 por participar en el complot de asesinato contra el Presidente William McKinley. Uno de ellos, León Czolgosz le había disparado pocos días antes. Emma, le conoció semanas más tarde y se vio con él una sola vez, al ser arrestada dijo: ¿Tengo yo la culpa de que un loco haga una mala interpretación de mis palabras?
El 11 de febrero de 1916 es detenida y encarcelada de nuevo por la distribución de un manifiesto en favor de la contracepción. Durante varios años, y cada vez que daba una conferencia, esperaba ser arrestada, por eso iba siempre pertrechada con un buen libro. En 1917, y por tercera vez, es encarcelada de nuevo junto con Alexander Berkman por conspirar contra la ley que obligaba al servicio militar en los Estados Unidos. Hizo públicas sus profundas convicciones pacifistas durante la Primera Guerra Mundial y criticó el conflicto por considerarlo un acto de imperialismo. Dos años después fue deportada a Rusia. Durante la audiencia en la que se trataba de su expulsión, J. Edgar Hoover, que era el presidente de la misma, calificó a Emma como una de las mujeres más peligrosas de América.
Residió en la URSS con A. Berkman y participó en la sublevación anarquista de Kronstad. Apoyó a los bolcheviques en contra de la división entre anarquistas y comunistas, hecho que se produjo durante la primera Internacional. La represión política, la burocracia y los trabajos forzados que siguieron a la Revolución rusa contribuyeron, en gran medida, a cambiar las ideas de Goldman sobre la manera de utilizar la violencia, excepción hecha de la autodefensa.
Disconforme con el autoritarismo soviético, se instaló definitivamente en Canadá. En 1936, Goldman colaboró con el gobierno español republicano en Londres y Madrid durante la Guerra Civil española. Cabe destacar el vehemente artículo que escribió sobre el conocido anarquista español Buenaventura Durruti titulado Durruti is Dead, Yet Living.
Emma Goldman murió el 14 de mayo de 1940 en Toronto y está enterrada en Chicago.

El estado soviético

Desde que la noche de la masacre de los huelguistas de Chicago en 1887, la hizo ver con claridad donde estarían sus ideales políticos y sociales para el resto de su vida, algo que de forma casi idéntica le sucedería a Voltairine de Cleyre, Emma Goldman se convirtió en la pensadora para la cual las causas humanísticas siempre tendrían la prioridad. Como la anarquista norteamericana también, para la emigrada rusa la causa del pueblo cubano en 1898 por ejemplo, era motivo de la mayor movilización imaginable. Desplegando una energía asombrosa Goldman recorrió varias ciudades de los Estados Unidos, para denunciar la política imperialista del gobierno de este país con relación a la guerra que tenía lugar en la isla del Caribe; y para recoger fondos que les permitieran a los luchadores cubanos continuar hasta el final por la causa de su independencia.
De la misma forma haría con el asunto de la revolución rusa. Antes de volver a su patria, donde estuvo entre los años 1920 y 1921, la causa de los bolcheviques había logrado aglutinar un importante apoyo entre los circulos políticos, sociales e intelectuales de la izquierda radical emigrada norteamericana. Y en militantes del calibre de Goldman, a pesar de la enorme repugnancia que les producían los desplantes estatistas inspirados en el marxismo de los bolcheviques, la revolución rusa había encontrado a fieros y responsables defensores de la causa del proletariado.
Para Goldman, Lenin y Trotsky, eran solamente dos políticos obsesionados con el control de la maquinaria del estado, y la revolución rusa no era necesariamente la revolución bolchevique. Esta diferenciación, que a simple vista suena como muy convencional y oportunista, era fundamental para entender las eventuales críticas que la anarquista rusa le haría a los procesos que estaban sucediéndose en su país desde julio de 1917.
Entre 1905 y 1917, los cambios sociales y políticos que se acumulaban en la vida cotidiana de los rusos, habían sido motivo de estudio concienzudo por parte de los anarquistas propios y extranjeros. Sin embargo, los acontecimientos que se precipitarían entre julio y octubre de 1917, convertirían a los anarquistas en muchas ocasiones, en observadores críticos y distantes de algo que realmente no compartían en su totalidad.
El proyecto revolucionario que pensaban construir los bolcheviques estaba sustentado en una rara fórmula, en la cual los ingredientes tomados del marxismo, de incuestionable procedencia occidental y judeo-cristiana, hacían un explosivo collage con el inveterado despotismo oriental, de una cultura heredera de las más duras tradiciones bizantinas. Para los rusos el enfoque mesiánico de los cambios que tenían que operarse en su sociedad estaba indisolublemente atado a la invocatoria infalible de un líder iluminado, que los rescataría de las garras de los explotadores y opresores, mal enquistados en la venerable tradición zarista, la cual se remontaba a unos trescientos años, y que durante el mismo período de tiempo, había recibido las bendiciones y buenaventuranza del cristianismo ortodoxo.
De tal manera que entre 1880 y 1920, los pensamientos liberal, populista y anarquista rusos se encontraron con que sus sólidas raíces europeo-occidentales, no tenían un terreno bien abonado para que sus utopías y sus vigilias oníricas se expresaran en el ideario que autores como Chernichevsky, Tolstoi, o Dostoievsky, ya habían vislumbrado como necesario en Rusia, para que se acercamiento a Occidente tuviera sentido.
La llegada de los bolcheviques al poder es perfectamente armoniosa con esa tradición, absolutamente rusa e irrepetible en ninguna otra parte, pero al mismo tiempo la contradice en sus esencias de mayor especie occidental. Es esta paradoja, la que una autora como Goldman trata de dilucidarnos cuando nos establece la diferencia entre revolución rusa y revolución bolchevique. De gran poder explicativo, la misma le sirvió mucho también a un historiador de la eminencia de Edward Hallett Carr, para construir su obra monumental sobre la Rusia soviética. En ella, como en los trabajos de Goldman, hay una gran preocupación por rescatar los cambios que se operaron en la cotidianidad de los rusos con el proceso revolucionario, que a simple vista pareciera haber sido catastrófico, pero que en realidad dejó muchas cosas viejas intactas. Emma Goldman apuntaba con gran sabiduría que la historia la construyen los hombres y mujeres con sus luchas cotidianas, sus frustraciones, sus pasiones y sus esperanzas más recónditas, y no los historiadores con sus vicios, prejuicios y distorsiones, propios de una disciplina humanística sujeta al riesgo de que la realidad siempre le resulte más rica que todo su aparataje pseudocientífico.
Pues bien, eso fue precisamente lo que ella regresó a buscar a Rusia: la frescura de la utopía, aceitada con la fuerza de la esperanza de una cotidianidad construida con el dolor y el sufrimiento. Ya ella había probado, como diría su amiga Voltairine de Cleyre, que estaba construida con la madera de los luchadores tenaces y testarudos. Pero el choque que se llevó la dejaría marcada por el resto de su vida. La utopía bolchevique era simplemente una farsa burocrática.
Con una sorprendente visión y un agudo sentido de la realidad política, la mujer ya se había acercado a la verdadera naturaleza del estado soviético. Antes que Trotsky, se atrevería a denunciar la textura burocrática, represiva e intolerante de las principales instituciones soviéticas. Es más, algunos de sus vaticinios hoy se han cumplido a cabalidad. Por eso la relectura de Goldman se impone como un requisito para una mejor y más rica comprensión de lo que hoy está sucediendo en la vieja Unión Soviética. Pero donde es más aleccionadora su enorme potencia visionaria, es precisamente en el asunto del papel jugado por las mujeres en la construcción de este tipo de sueños. Sus enseñanzas a ese respecto siguen teniendo una vigencia iluminadora.

La "mujer nueva"

Emma Goldman amó a muchos hombres. A lo largo de su prolífica vida tuvo muchos amantes y siempre supo expresarse de ellos con gratitud y gentileza. Pero eso no implicó nunca que dejara de tener hacia ellos, una actitud maternal, la que no siempre fue bien recibida por algunos de sus compañeros de lucha o de alcoba. Por eso es tan fácil sostener que el feminismo de Emma Goldman está totalmente articulado a su visión de la vida. Nunca fue una pose política o una mascarada liberadora, que promoviera la defensa de algunos valores y a otros los dejara como estaban.
Cuando critica al estado soviético lo hace de forma integral, no por partes. Y esas críticas por ejemplo incluyen la condición de la mujer, de la familia, del matrimonio, del amor libre y de los niños. Todos aspectos ligeramente modificados por los bolcheviques, quienes a veces encontraron muy duro desprenderse de la plataforma dejada por los Zares en lo que respecta a las relaciones de pareja, a las condiciones de género y a la discriminación de las minorías, como los homosexuales, a los que Lenin y los suyos persiguieron de una forma feroz.
Emma Goldman reflexionó mucho sobre la "mujer nueva", y algunas de sus afirmaciones no fueron muy bien recibidas; tal vez mal comprendidas, debido a lo avanzado de sus propuestas, que ni los mismos miembros de su comunidad religiosa, los judíos, entendían o aceptaban por completo. Para un grueso importante de la intelectualidad migrante norteamericana de los años veinte y treinta, la revolución rusa representaba un avance tangible hacia los ideales por los que habían luchado muchos años. Sobre todo por las mujeres, dicha revolución fue recibida con mucho calor y expectativas.
Pero los afanes de Emma Goldman sobre el papel que las mujeres deberían jugar en la construcción de la nueva sociedad serán muy difíciles de ponderar en su justa medida, si nos desprendemos del contexto en el que ella tuvo que vivir y pelear. Es más, algunas de sus ideas críticas sobre los fracasos de la revolución bolchevique para devolverles la libertad a las mujeres son el producto, no tanto de sus intensas y profundas lecturas, como de su experiencia personal. Su padre, Abraham Goldman, quiso casarla a la edad de quince años, y en esa ocasión su rechazo rotundo al intento sentó el precedente de lo que sería la vida de Emma, repleta de luchas y controversias por defender los derechos de la mujer a involucrarse con quien realmente amara.
Emma Goldman es una pensadora visionaria y de una considerable potencia premonintoria, pues muchas de sus ideas y de sus propuestas de los años veintes y treintas serían todavía motivo de discusión y conflicto en los años ochentas y noventas. Para ella era imposible una sociedad libre y verdaderamente humana, si el estado iba a seguir en control de los aspectos fundamentales del desarrollo de una persona. Sobre todo cuando se trataba de las mujeres. A este respecto podemos agrupar las ideas de Goldman en tres grandes temas:
  • El matrimonio.
  • Los niños.
  • El aborto.
Siempre creyó que el matrimonio era una desgracia, no sólo para las mujeres sino también para los hombres. Para ella, no existía ninguna relación posible entre el matrimonio y el amor. Su razonamiento partía de la base de que aquella institución estaba concebida para sacrificar a las mujeres en el altar de la maternidad, y para estrangular toda posibilidad de independencia y de creatividad personal en ellas. El matrimonio había sido ideado por los dos grandes monstruos de la sociedad contemporánea: el estado y la religión. Solamente cuando los hombres y las mujeres entendieran al fin que una pareja debía unirse con el único propósito de crecer juntos en todos los terrenos posibles, sería posible remontar los objetivos sordidos para los cuales la sociedad burguesa había inventado el matrimonio.
El cuido de la prole y las atenciones a la perentoriedad sexual de la pareja, en este caso del varón, parecían ser los fundamentos sobre los cuales reposaba la idea del matrimonio. La reproducción de la fuerza de trabajo, de los soldados y de los empleados que necesitaba la maquinaria estatal, hacían que la labor maternal de la mujer adquiriera un sentido casi heroico. En este caso, el matrimonio estaba más que justificado. Sobre todo cuando la religión encontraba en los instintos naturales de los seres humanos algo asqueroso y repugnante. A la mujer en particular, le estaba vedado el disfrute pleno de su cuerpo, pues no le pertenecía ni a su compañero, ya que en última instancia quien decidía el propósito de la maternidad era el estado. El varón por su lado, era cómplice con el estado de la expoliación que se hacía con el cuerpo de la mujer. En este asunto la conspiración no podía ser más completa. El aborto, de esta manera, tendría que ser prohibido de forma rotunda, pues contradecía los basamentos éticos de la tradición judeo-crisitiana, los cuales indicaban que el propósito esencial para el cual las mujeres habían venido al mundo era para ser madres.
En muchas ocasiones Emma Goldman tuvo que ser sacada de los salones de conferencias y de algunos "mitines" acompañada por la policía, pues sus puntos de vista resultaban intolerables para la "sociedad puritana" como ella la llamaba. Promover y defender el aborto, significaba indicarle al estado burgués que el cuerpo le pertenecía a las mujeres y que podían hacer con él lo que les viniera en gana. Era decirle al pueblo culto y civilizado que traer hijos al mundo, educarlos y atenderlos como verdaderos seres humanos, implicaba sustancialmente la toma de una decisión consciente y responsible por parte de la pareja o de la persona interesada en dicho proyecto, no del estado o de alguna iglesia que predicara la maternidad como una función al servicio de la sociedad civil.
Cuando Emma Goldman habló de la "mujer nueva", siempre nos invitó a ver más allá de lo que nos tienen acostumbrados los procedimientos convencionales para analizar y comprender el papel la mujer en la sociedad civil. Ella creía que la lucha por la liberación del amor, los sentimientos y las emociones, pasaba por la destrucción del estado. Su lucha incondicional por la más absoluta y total libertad, en materia de derechos civiles, sexuales, culturales y personales llegó a veces a profundidades que muchos intelectuales anarquistas de la época no lograron comprender en su totalidad.
Con frecuencia se opuso a que las mujeres se entregaran tanto en la conquista del derecho a votar. La dedicación y la pasión que se había puesto en esta batalla, decía ella, no era proporcional a los resultados que se esperaba obtener. Las sufragistas le parecían damas de la buena sociedad creyendo que con la obtención del voto, podrían superar a los hombres y mejorar la sociedad y la civilización ahí donde ellos habían fallado tan estrepitosamente durante los últimos dos mil quinientos años. Las obsesiones parlamentaristas le parecían ridículas e inútiles, ya procedieran de hombres o mujeres por igual.
El sufragismo le parecía estéril si con él no venía una modificación sustancial en el sitio ocupado por las mujeres en la sociedad burguesa. El voto sólo les permitiría hermanarse con los hombres en la explotación salarial de que éstos eran víctimas, sin cambiar o eliminar en el fondo la verdadera raíz de aquella: la sociedad capitalista y el estado burgués. La emancipación de las mujeres en estos casos evocaba para Emma Goldman, un ajuste en la situación civil que dejaba intactas la humillación, la mercantilización y la opresión de que habían sido objeto por siglos. El voto no cambiaba para nada dicho panorama.
En la nueva sociedad que soñaban Emma Goldman y muchos otros anarquistas como ella, la mujer nueva sería capaz de tomar sus propias decisiones, concernieran éstas a su vida personal o civil. Sus elecciones sexuales vendrían motivadas por una perfecta salud espiritual y física donde sólo fueran válidos el amor y el placer. La maternidad en este caso, sería también una elección libremente escogida. Ni el estado ni la religión decidirían sobre un asunto que pertenecería a la más absoluta y responsible libertad personal.
La labor de propagandista y de promotora de los derechos civiles y personales de las mujeres, llevó a Emma Goldman a viajar mucho. Sus frecuentes viajes a Europa y a todo lo largo y ancho de los Estados Unidos, le granjearon una fama útil pero muy peligrosa al mismo tiempo. Entre 1906 y 1918 la editorial, la revista y el boletín Mother Earth (Madre Tierra), encargadas de distribuir material impreso, y de promover los principios más preciados del anarquismo, fue blanco constante del acoso y la irrespetuosa actitud de la policía norteamericana. Incautación regular de algunos de los números publicados, encarcelamiento de Emma y otros miembros del personal, así como las amenazas permanentes de deportación fueron los recursos utilizados por una policía corrupta y feroz, que siempre encontró en estos notables luchadores a idealistas dispuestos a todo con tal de hacerse oir.
Esa mojigatería política y cultural estuvieron disciplinadamente bajo el fuego de la mordacidad analítica de Emma Goldman y sus compañeros. Sus agudas críticas al patriotismo, al puritanismo, a la persecución de las minorías, y a la subestimación de las luchas civiles de las mujeres por razones sexuales, la convirtieron en una figura atractiva y relevante pero muy peligrosa del escenario político norteamericano de la primera parte de este siglo. La tragedia de la emancipación de la mujer moderna, decía Emma Goldman, radicaba en que ahora ella podía escoger su profesión, su horario de trabajo, y finalmente sus condiciones de explotación. Con triste ironía podía notarse que, después de una larga jornada de trabajo en la fábrica, en la oficina o en la mina, la mujer emancipada tenía que continuar sus labores en la casa, donde la esperaban sus hijos, su marido, sus hermanos y todos aquellos que argumentaban y defendían el derecho de la mujer a la libre contratación del trabajo, a la huelga y a la jornada laboral de ocho horas.
Pero el proceso emancipatorio estaba incompleto si sólo se aspiraba a la liberación de los tiranos externos. No eran éstos en realidad los verdaderos opresores. La inhibición interna, los prejuicios, la moralidad tiesa y una religiosidad vacua y represiva, hacían que las mujeres tuvieran serios problemas para integrarse realmente en la construcción de un proyecto de liberación en que ellas mismas fueran sujetos y objetos del mismo.
Para Emma Goldman las mujeres eran más propensas a las supercherías morales y políticas de la sociedad burguesa, repleta de fetiches institucionales y espirituales que les impedían tomar en sus propias manos el proceso de su liberación interna. Por eso le parecía un insulto que se las hiciera creer que con el voto ganarían el derecho a la libertad y a la igualdad en las luchas civiles con los hombres. Si la propiedad era un robo, las mujeres no eran dueñas de sus propios cuerpos; si la religión buscaba dominar la mente humana, las mujeres eran los seres humanos más religiosos; si el gobierno pretendía controlar la conducta de las personas, las mujeres eran muy fáciles de manipular. En todo caso, la mayor aspiración de los anarquistas era devolverles a las mujeres el control sobre su propio cuerpo, su alma y su voluntad, cosa que también era el gran sueño de los varones que creían en la posibilidad de una sociedad donde las iniciativas, las esperanzas y los proyectos no tuvieran que pasar por la aprobación de una oficina de censura.
Pues bien, el feminismo de Emma Goldman se curtió en las luchas callejeras, en las prisiones y en los debates cotidianos contra hombres y mujeres también, que la vieron como un monstruo de la conspiración o como un ángel de la liberación. Ninguno de los dos enfoques es cierto. Pero sí estamos tratando con una mujer que tenía perfecta claridad sobre los objetivos políticos, culturales e ideológicos por los que estaba combatiendo. Tanto así como para atreverse a hablar de amor libre, en una sociedad y en un momento donde este tipo de consideraciones sólo podían ser hechas por varones, y no precisamente en su sano juicio.

El amor libre

El amor libre que predica Emma Goldman no es igual al amor promiscuo. Lo más natural que tiene un ser humano es su sexualidad, por eso todo tipo de organización social es anti-natural, porque la naturaleza no conoce de organizaciones para darle paso a los mecanismos auto-reproductivos más fluidos y perfectos que el hombre pueda imaginar. Toda institución diseñada para controlar la espontaneidad de la naturaleza está condenada al fracaso o a la destrucción de la naturaleza misma. Y en esa dirección no hay nada más libre que el amor.
La propuesta del amor libre hecha por los anarquistas tiene que ver particularmente con la más sencilla, y al mismo tiempo la más complicada de las escogencias que hace cualquier ser humano en cualquier parte del mundo, en todo momento; nos referimos a la pareja con quien desea unirse, o al amigo o amiga con quien quisiera compartir sus más profundos y acendrados ensueños.
Curiosamente, en las relaciones que Emma Goldman tuvo con algunos de sus camaradas de lucha, las peleas y desacuerdos por celos amargaban el posible proyecto de vida que pudiera haber construido con ellos. A Johan Most lo agredió en público con un látigo, en un arrebato de cólera, porque el dirigente alemán se había dedicado desde su revista a difamar a Alexander Berkman, compañero de Emma en prisión, acusado de conspiración para asesinar a un empresario cuyos guardaespaldas habían ultimado a tiros a nueve trabajadores en huelga.
Berkman sería condenado a veintidos años de prisión que, con sus veintiún años de edad, iban a representar lo mejor de su vida en el encierro de una asquerosa prisión de Pennsylvania. Sólo cumplió catorce de la condena, pero esta reducción de la pena se le debía en gran parte a la extraordinaria labor que Emma Goldman había hecho en todos los sectores sociales y políticos de los Estados Unidos, para lograr tal propósito. Llegó a impartir a veces hasta 150 conferencias en un año, para recaudar fondos y pagar abogados, sobornos y otras regalías que le permitieran a su compañero salir antes de lo planeado.
La pasión con que Emma Goldman conducía sus relaciones personales casi siempre terminaban en fuertes altercados. Most, desde el momento en que ella le indicó claramente que no quería nada con él, reaccionó de una forma en absoluto incoherente con sus creencias anarquistas, supuestamente apoyadas en la tolerancia y jamás en la clásica posesión burguesa que tanto criticaba. Los celos que Most llegó a sentir por Berkman lo llevaron al extremo de acusarlo de incompetente para el terrorismo individual, una acusación que en los medios políticos anarquistas de la época, era en extremo insultante.
La amistad, la solidaridad, el compañerismo, la lealtad y una total entrega a la causa de la redención de los seres humanos, de su muchas veces inconsciente opresión constituían algunos de los ingredientes de esa seductora forma de vida que los anarquistas como Emma Goldman llamaban amor libre. En prisión, en la isla de Blackwell's Island, donde estuvo encerrada cerca de un año por incitación a la violencia, Emma logró hacerse de una gran cantidad de amigas y amigos, como el Dr. White, un noble personaje que la introdujo en los asuntos de la enfermería, actividad para la cual Emma dedicaría una parte importante de su vida.
Pero fueron las prisioneras, mujeres humilladas y explotadas de una manera atroz por un sistema penitenciario primitivo y devastador, quienes terminarían siendo sus mejores compañeras de encierro. Puesta al frente de los talleres de costura de la prisión y a cargo de la enfermería, la prisionera Emma Goldman tuvo enfrentamientos serios con los administradores de aquella, sobre todo cuando se le exigía la sobrexplotación de sus compañeras. Siempre que se negó terminó en el calabozo, un lugar apestoso e inmundo donde Emma irremisiblemente empeoraría de su reumatismo.
Estaba visto que su experiencia en la prisión, le haría valorar con mucha más claridad la enorme importancia de las prisiones para el sistema burgués. El amor libre, el amor que se da sin ataduras, al amigo, al compañero, al amante, sin convencionalismos o limitaciones de ninguna especie, tenía que saltar por encima de cualquier tipo de encierro. Por eso le resultaban detestables las prisiones, como a Piotr Kropotkin, a quien logró entrevistar en unas dos o tres ocasiones, interesada en el balance que pudiera haber hecho el viejo y brillante pensador ruso sobre la revolución bolchevique y el futuro que les esperaba a los anarquistas como él en la Rusia del mañana.
Toda forma de rebeldía había encontrado siempre un destino siniestro: el hospital para enfermos mentales o la prisión, como nos indicaba Foucault. Y tratándose de mujeres el asunto había sido aún más represivo, puesto que la hoguera, el potro o el descuartizamiento público, habían sido los instrumentos con que el poder fálico destruía sus intentos de emancipación.
El amor libre, como lo entendían Emma y sus camaradas, tenía que ser una fuerza, un conjunto de acciones mediante las cuales las personas involucradas fueran capaces de liberarse mutuamente, jamás podía ser una actitud contemplativa, solo reflexiva y racionalista. Para que en realidad terminara siendo una fuerza incontrolable, el amor libre debería ser libre amor, es decir un sentimiento, una emoción capaz de remover todos los obstáculos imaginables que se pudieran poner en su camino, como hubiera hecho Emma para apoyar en todo momento, en las buenas y en las malas, a su entrañable compañero Sasha Berkman.
Resulta entonces muy difícil entender eso que Emma llamaba amor libre, si nos limitamos a definirlo únicamente a partir de sus aristas sexuales o pasionales. Ella confiesa con mucha insistencia, en su correspondencia, en sus discursos y en algunos de sus ensayos, la urgencia de que el amor libre sea visto de esa manera y no de otra. Es decir que, para Emma Goldman el amor libre no se expresa sólo a través de la cantidad de amantes que una persona pueda haber tenido en su vida, sino en virtud de la riqueza emocional, que esa persona en particular, a la que se le han dado todos nuestros sueños y esperanzas, es capaz de producir en el proyecto general de nuestra existencia.
Era el amor por Sasha, y su triste condición de presidiario joven, el que hacía que Emma viera a sus compañeras de prisión, como hermanas sufrientes y valiosas en la lucha por la vida. La misma que le hizo aceptar con tolerancia y sentido de la creatividad anarquista, su amistad con el capellán de la cárcel donde estaba. Porque se requería creatividad acercarse a un cura católico con un mayor grado de vulnerabilidad, que a los rabinos con los que tuvo contacto. Esa vulnerabilidad poderosa fue la que hizo que Emma, en muchas ocasiones, no negara explícitamente la existencia del Dios católico, y manifestara sistemáticamente un ateísmo ambiguo, más parecido a un cierto tipo de agnosticismo escolástico que a una incredulidad absoluta. Por eso a veces, uno la ve más cerca de Tolstoi que de Bakunin.
La duda sistemática, de fuerte sabor ilustrado, hace que el anarquismo de Emma incruste sus raíces en las ideas de una pensadora como Mary Wollstonecraft, madre de Mary Shelley, creadora del emblemático personaje del monstruo de Frankenstein, y una de las pioneras (la primera Mary no la segunda) en atreverse a hablar del amor libre, de la solidaridad, de la amistad, y del profundo respeto por el ser humano que la Ilustración francesa promovería en su momento.
La rebelión que trajo consigo el aflojamiento de las amarras sexuales impuestas sobre las mujeres de la burguesía, no fue el producto de un gesto patibulario incoherente y sin dirección. La rebeldía sexual era un instrumento muy efectivo para que, al recuperar el control de su propio cuerpo, las mujeres le hicieran ver al mundo la posibilidad de acercarse a los otros sin manipulación y mercantilización de las emociones más valiosas de que son portadores los seres humanos. Las distintas dimensiones del amor libre, emergían así entonces, con una claridad positiva, puesto que reducir el amor a la simple humedad de un acto sexual, era quitarle todo su poder expresivo a un poema, una canción o un estrechamiento de manos. No olvidemos que durante la era victoriana, las mujeres tenían todos estos ingredientes debidamente reglamentados, para que la disciplina social, el buen gusto y las buenas maneras no se perdieran. Recordemos que a las mujeres se les decía hasta cómo debían sentarse, qué hablar y cuáles silencios eran oportunos. Entonces, la rebeldía sexual en este caso no fue sólo una recuperación del cuerpo, fue también una conquista del espacio de privacidad, de vida íntima y libertad individual a que todo ser humano tiene derecho. Que las mujeres de la burguesía victoriana hubieran iniciado este proceso, es sólo el resultado de que su condición económica, social, política y cultural lo hacía rápidamente posible, sin que por ello las mujeres de las clases trabajadoras, más conservadoras, religiosas y explotadas, hubieran tenido una participación de menor beligerancia e impacto.
El puritanismo, la moralidad gazmoña, y la estupidez clerical parecían ser las más odiadas amarras que una idealista y una rebelde como Emma quería deshacer, sobre todo cuando eran las mujeres las que más atadas estaban por ellas. Escribió, conferenció activamente, y participó en cuanto mitin le fue posible para combatir un conjunto de valores que sólo beneficiaban a unos pocos, y dejaban a la gran mayoría en el más absoluto desamparo espirtual y material.
La santurronería de la burguesía norteamericana de la época era para Emma Goldman, uno de los dispositivos más esenciales para comprender el falso recato que desplegaban algunas instituciones, como la Iglesia Católica, en lo que concernía a las posibilidades reales de que las mujeres participaran activamente en la vida política de ese país, los Estados Unidos. Emma consideraba que el fetichismo al que eran propensas particularmente las mujeres, las hacía más vulnerables al menú ideológico que se les quería vender, pero entre 1887 y 1936 ella probó que era factible otro tipo de acercamiento a la combatividad que eran capaces de desplegar las mujeres, cuando se trataba de brindar solidaridad y verdadero apoyo a causas que les eran entrañables. El trabajo que ella u otras, como Tina Modotti, realizaron en favor de la causa republicana durante la guerra civil española, seguirá siendo un ejemplo profundo de lo que es el amor sin ataduras.
La beligerancia organizativa de los anarquistas en aquella guerra es un capítulo espléndido de la historia del siglo XX, puesto que en ella las mujeres desarrollaron un nivel de compromiso y de entrega realmente excepcional. Resultará a todas luces imposible realizar un balance justo de dicha guerra sin mencionar la contribución hecha por las mujeres en todos los terrenos: como diplomáticas, intelectuales, activistas, en la labor de agitación y en las trincheras propiamente dichas.
El amor libre en definitiva probó ser, según nos lo enseñó Emma Goldman, en la práctica y en la teoría, un instrumento eficacísimo para el acercamiento de los hombres y de las mujeres que comparten un mismo ideal: la libertad más absoluta, sin cortapisas de ninguna especie. Junto a ello, Emma probó también que no es posible la solidaridad si ésta no tiene además dimensiones internacionalistas, por eso sus reflexiones y sus acciones contra el imperialismo y el patrioterismo alcanzaron igualmente alturas de gran relevancia práctica para el quehacer de los anarquistas.

Los totalitarismos

El anti-autoritarismo de Emma Goldman es antes que nada un internacionalismo. Eso significa que la causa por la libertad, donde quiera que ésta estuviera sujeta a represión, iría a estar por encima de cualquier otra consideración de orden teórico o político.
A todo lo largo de su vida, Emma Goldman entró y salió de varias prisiones, no sólo en los Estados Unidos, sino también en otras partes de Europa y Canadá. Sorprendente que fuera víctima de un trato así, porque los motivos recurrentes de sus encarcelamientos eran algo que hoy podría pasar por ridículo en algunos países. En otros, Emma seguiría encontrándose a gusto como luchadora. Su valiente defensa de los derechos de las minorías, como los homosexuales, a quienes ella llamaba "el sexo intermedio", le ocasionaron serios problemas con las autoridades y el moralismo rancio y acartonado de sociedades como la británica.
Hubo años en que Emma Goldman, como decíamos atrás, llegó a impartir hasta 150 conferencias en cuestión de meses, a más de 50.000 personas, en 27 ciudades de 25 estados distintos de la unión americana, pero siempre encontró oposición, el abucheo irrespetuoso de algunas bandas de saboteadores que se mezclaban con los asistentes para estropear sus conferencias, el cierre y la denegación de los permisos para utilizar las salas y salones concedidos a otro tipo de conferencistas, y finalmente hasta el asalto de la policía, al extremo que había que sacarla en hombros de guardaespaldas, para impedir que fuera agredida.
Las multas, las fianzas, y la perenne tirantez con las autoridades de migración del Gobierno de los Estados Unidos, que insistía en considerarla una "ciudadana extranjera indeseable", marcaron la vida de Emma Goldman hasta en sus más mínimos detalles. Si hay alguien que hubiera desarrollado un buen criterio sobre las prisiones en aquel país fue precisamente esta mujer, que se atrevió en varias ocasiones a disertar sobre el derecho al aborto, a las distintas formas de contracepción, y sobre el derecho al placer sexual que tienen las mujeres, en una sociedad que consideraba imposible que una dama hablara sobre este tipo de asuntos, difílmente aceptables aún entre varones. El destino de las mujeres estaba sellado por su capacidad de reproducción, lo que impedía que el sexo fuera para ellas otra cosa más que traer hijos al mundo.
Pero algunos consideraban que tales materias eran controversiales en la sociedad norteamericana, donde una burguesía fuerte y vigorosa se daba el lujo de decirle a la gente lo que debía pensar, sentir y hacer con su vida privada y pública. El puritanismo y la moralidad de campanario le pertenecían al capitalismo y resultaba inimaginable que el mismo tipo de mojigatería se diera en la sociedad socialista que se trataba de construir en la Unión Soviética.
Esta es una de las cuestiones que más problemas le produjo a Emma Goldman. Todo anarquista consciente y riguroso con su forma de pensar, desde figuras venerables como William Godwin y su compañera Mary Wollstonecraft, ha partido de la base de que la autoridad y el autoritarismo son los responsables de tantos males en la sociedad contemporánea. En la sociedad capitalista el poder y la riqueza configuran una alianza perjudicial para el desposeído. Pero en la sociedad socialista, supuestamente diseñada para servir al último, el autoritarismo tiene mayor arraigo puesto que se basa en el mito de que si el proyecto de clase está al servicio del pobre, es irracional que éste critique lo que ha sido concebido para atenderlo y protegerlo.
Las sociedades totalitarias, en las que el autoritarismo es la forma más visible de la intolerancia, tienen el problema de que construyen una mitología sobre su perfección y eficiencia absolutas, pero sus ideólogos son los que menos creen en esa clase de mitos. Cuando Lenin, Trotsky, Stalin y el resto de los bolcheviques se decidieron a darles un nuevo proyecto de utopía a los trabajadores de la vieja Rusia, creyeron y cultivaron el mismo hasta el momento en que los obreros y campesinos se volvieron demasiado exigentes y terminaron cuestionando la legitimidad, no sólo ideológica, sino también política y social de tal proyecto.
Esa clase de asuntos le encantaban a Emma Goldman, pues ella creía que la polémica con los bolcheviques sólo tenía sentido si los resultados beneficiaban a la larga a todos los trabajadores rusos y no sólo a aquellos ligados con la burocracia del partido. El ataque contra los anarquistas, y las muestras de independencia intelectual y política de algunas mujeres vinculadas muy estrechamente con el proceso revolucionario, tales como Angelica Balabanov, Alejandra Kollontai o Nadezhda K., la compañera de Lenin, estorbaron de forma notable la labor política e intelectual de hombres como Trotsky o Stalin, debido a su independencia de criterio y a su imaginación analítica.
En su peregrinar por Europa, luego de que tuviera serios problemas con las autoridades bolcheviques en Rusia, Emma Goldman tuvo que enfrentar también el sarcasmo y las críticas feroces de los sindicatos y de los partidos de izquierda británicos, alemanes y franceses, que veían en el proceso revolucionario ruso una esperanza para la clase trabajadora toda.
En el fondo de toda esta cuestión hay un aspecto que debe ser debidamente enfatizado, y es que Emma Goldman nunca dejó de creer en las posibilidades y objetivos reales de la revolución rusa, a pesar de su actitud crítica y distante. Como toda buena revolucionaria creyó en las motivaciones iniciales de dicho proceso, pero su actitud se volvió prudente y cautelosa una vez que, después de 1921, los bolcheviques empezaron a mostrar su intransigencia con las críticas y las constantes demandas por el envío a prisión de sus oponentes. En definitiva, un hombre como Trotsky, tan decidido a destruir el viejo y bien consolidado movimiento anarquista ruso, enfrentaría a la larga las consecuencias de sus propias estrategias de lucha, al caer en manos de uno de los peores tiranos de que tenga memoria la historia política occidental.
Emma Goldman, desde lo más profundo de su fe en la libertad individual, ya veía, de forma bastante temprana, los pasos de gigante que el burocratismo bolchevique estaba dando desde 1922. Pero las críticas de ella no se dirigían solamente al peligro que el progresivo estatismo representaba en Rusia, sino también a lo que estaba sucediendo en Italia y Alemania. Sus nociones del individualismo libertario reposaban en gran medida en la inspirada obra de autores norteamericanos como Thoreau, Emerson y Whitman, por lo que el centralismo autoritario le resultaba a todas luces insoportable, no tanto por la violencia con la que estaba cambiando la situación en Rusia, después de tantas esperanzas puestas en la revolución, sino porque, también el proceso que tenía lugar en Italia y Alemania, indicaba claramente hacia donde se dirigía la civilización occidental.
Nunca se detuvo a hacer distinciones entre autoritarismo y totalitarismo, como nos indicaba Joyce Antler, porque habría que esperar hasta después de la segunda guerra mundial para que la brutalidad de estas expresiones políticas se manifestara en toda su amplitud, pero ya tuvo intuiciones brillantes cuando en su polémica con Trotsky inevitablemente tuvo que rozar el problema del futuro del individuo en Occidente.
La guerra civil española, sobre la cual Emma escribió con mucho sentido de la responsabilidad, a pesar de los serios problemas que tenía con el idioma, le permitió darse cuenta de los límites reales de la utopía anarquista, aunque con frecuencia, encontramos en algunos de sus escritos un acercamiento discreto y precavido a la idea de utopía en general. Pero el asunto es que, la guerra civil española la puso frente a frente con el problema de la relación entre individualismo y corporativismo en un posible proyecto de sociedad basado en los ideales del anarquismo. El tema ha sido motivo de enconadas discusiones y debates en el mundo intelectual libertario hasta el presente. Incluso teóricos del calibre de Castioriadis jamás se atrevieron a intentar darle una respuesta definitiva a un problema que, si somos rigurosos, se remonta a los escritos originales de Proudhon con el afán de sistematizar la herencia anarquista de la revolución francesa.
En el totalitarismo entonces, Emma veía algo más que un conjunto de expresiones mal articuladas de distintos autoritarismos, visión que no llegó a completar en su análisis de la revolución rusa. Pero la participación de los anarquistas en la guerra civil española, la hizo pensar en las posibilidades del individuo y de la organización con fines eminentemente de ayuda mutua. Sin el apoyo de las brigadas internacionales el autoritarismo franquista en España se hubiera instalado en el poder mucho antes de lo que tenía previsto la historia. Esto lo comprendió muy bien Emma y desde sus reflexiones tempraneras sobre el burocratismo excesivo de la revolución rusa, ya preveía el daño que puede causar a la libertad individual una maquinaria burocrática especialmente diseñada para estrujar cualquier expresión de iniciativa personal que trate de sacudirse los controles de la misma. Con posterioridad hombres como Trotksy, que por una triste ironía moriría asesinado por un agente estalinista en México el mismo año que Emma, le darían a ésta, sin reconocérsela, la razón de su análisis sobre el estrecho contacto entre autoritarismo y totalitarismo para entender el desarrollo del pensamiento político occidental. Sin embargo, a pesar de sus cálidas intuiciones teóricas, Emma fue antes que nada, un gran testimonio sobre lo que la práctica le tiene reservado a los intelectuales y activistas de pefil libertario. Más todavía cuando se trata de mujeres. En este caso, Emma hizo lo que muchos anarquistas varones no hubieran podido: correrles el velo a las mujeres de su ceguera sobre el papel que debían jugar en la sociedad, y sobre todo, hacerles ver que en un régimen autoritario ellas son doblemente oprimidas. Por eso, sostenía, la mujer tiene una propensión natural hacia el anarquismo.
Colaboradores de Ateneo Virtual:
http://www.alasbarricadas.org/ateneovirtual/index.php/Emma_Goldman
Existe un texto de Emma Golman sobre los niños y la educación que vale la pena leer:
"¿Debe el niño ser considerado como una individualidad, o como un objeto a ser moldeado de acuerdo al antojo y capricho de cada quien? Esta parece ser la pregunta más importante a responder por padres y educadores. Y si es que el niño ha de crecer desde dentro, si es que a todo lo que ansíe expresión le será permitido salir a la luz del día; o si es que ha de ser amasado como masilla por fuerzas externas, eso depende de la respuesta adecuada a esta pregunta vital.
El anhelo de los mejores y más nobles de nuestros tiempos hace a las más fuertes individualidades. Todo ser sensible aborrece la idea de ser tratado como mera máquina o como mero loro de lo convencional y lo respetable, el ser humano ansía el reconocimiento de sus semejantes.
Debe tenerse en mente que es por el canal del niño que el desarrollo de la persona madura debe pasar, y que las ideas presentes de la educación o entrenamiento de éste en la escuela y la familia — incluso la familia del liberal o el radical — son tales que sofocan su crecimiento natural.
Toda institución de nuestros días, la familia, el Estado, nuestros códigos morales, ve en cada personalidad fuerte, bella, sin compromisos, un enemigo mortal; por ende se hace  todo esfuerzo por coartar la emoción y la originalidad de pensamiento humano en el individuo con una camisa de fuerza desde su más temprana infancia; o se le da forma a todo ser humano de acuerdo a un patrón; no una individualidad integral, sino una de paciente esclavo del trabajo, un autómata profesional, un ciudadano que paga sus impuestos, o un recto moralista. Si uno, no obstante, se encuentra con la espontaneidad real (que, por cierto, es un rasgo raro) eso no se debe a nuestro método de crianza o educación del niño: la personalidad a menudo se afirma a sí misma, independiente de las barreras oficiales y familiares. Un descubrimiento como ese debe ser celebrado como un evento inusual, ya que los obstáculos puestos en el camino del crecimiento y el desarrollo del carácter son tan numerosos que se ha de considerar un milagro si retiene su fuerza y belleza y sobrevive a los diversos intentos de incapacitar aquello que le es más esencial.
Ciertamente, aquel que se ha liberado de las cadenas de la irreflexión y la estupidez comunes y corrientes; aquel que puede pararse sin muletas morales, sin la aprobación de la opinión pública — la pereza privada, le llamó Friedrich Nietzsche — puede bien entonar un canto alto y voluminoso de independencia y libertad; ha obtenido el derecho a ello con fieras y ardientes batallas. Estas batallas comienzan ya a la más delicada edad.
El niño muestra sus tendencias individuales en sus juegos, en sus preguntas, en su asociación con las personas y las cosas. Pero debe luchar con la perpetua interferencia externa en su mundo de pensamiento y emoción. Que no debe expresarse en armonía con su naturaleza, con su personalidad creciente. Que debe convertirse en cosa, en objeto. Sus preguntas encuentran respuestas estrechas, convencionales, ridículas, en su mayor parte basadas en falsedades; y, cuando, con grandes, curiosos e inocentes ojos, desea contemplar las maravillas del mundo, quienes le cuidan cierran rápidamente las ventanas y las puertas, y mantienen a la delicada planta humana en una atmósfera de invernadero, donde no puede ni respirar ni crecer libremente.
Zola, en su novela Fecundidad, mantiene que grandes grupos de personas le han declarado la muerte al niño, han conspirado contra el nacimiento del niño, — una imagen horrible ciertamente, pero la conspiración ingresada por la civilización contra el crecimiento y la formación del carácter me parece por lejos más terrible y desastrosa, debido a la lenta y gradual destrucción de sus cualidades y rasgos latentes y el efecto estupefaciente e incapacitante por lo tanto sobre su bienestar social.
Ya que todo esfuerzo en nuestra vida educativa parece estar dirigida hacia hacer del niño un ser extraño a sí mismo, debe por necesidad producir individuos extraños los unos con los otros, y en perpetuo antagonismo los unos con los otros.
El ideal del pedagogo promedio no es un ser completo, íntegro, original; en vez, busca que el resultado de su arte de la pedagogía sean autómatas de carne y sangre, para adecuarse mejor al molino de la sociedad y al vacío y la insipidez de nuestras vidas. Todo hogar, escuela, colegio y universidad está por el utilitarismo seco y frío, que rebalse el cerebro del pupilo con tremenda cantidad de ideas, traspasadas desde generaciones pasadas. “Hechos y datos,” como les llaman, constituyen mucha información, suficiente tal vez como para mantener toda forma de autoridad y para crear mucho temor reverencial por la importancia de la posesión, pero esto no es más que un gran retardo en la comprensión real del alma humana y su lugar en el mundo.
Verdades muertas y olvidadas hace mucho tiempo, ideas del mundo y sus pueblos, cubiertas de moho, incluso en los tiempos de nuestras abuelas, se machacan en las cabezas de nuestra generación joven. El cambio eterno, la miríada de variaciones, la innovación continua son la esencia de la vida. La pedagogía profesional nada sabe de ello, los sistemas de educación son ordenados en archivos, clasificados, y numerados. Carecen de la semilla fuerte y fértil que, al caer en rico suelo, les haga crecer hacia grandes alturas, están desgastados y son incapaces de despertar la espontaneidad del carácter. Instructores y maestros, con almas muertas, operan con valores muertos. La cantidad es forzada para reemplazar a la calidad. Las consecuencias por lo tanto son inevitables.
En la dirección que uno mire, buscando ansiosamente por seres humanos que no midan las ideas y las emociones con la vara de la propia conveniencia, se encuentra uno con los productos de la instrucción de ganado en vez de con los resultados de espontáneas e innatas características formándose a sí mismas en libertad.
“Ningún rastro veo ahora 

de la voluntad del espíritu. 

Es instrucción, nada más.”
Estas palabras del Fausto se adecuan a nuestros métodos de pedagogía perfectamente. Tomemos, por ejemplo, la manera en que la historia se enseña en nuestras escuelas. Veamos cómo los eventos del mundo se vuelven presentaciones baratas de títeres, donde unos pocos tira-cuerdas se supone que dirigieron el curso del desarrollo de todo la especie humana. 
Y la historia de nuestra propia nación! ¿Acaso no fue escogido por la Providencia que fuese la nación líder sobre la tierra? ¿Y acaso no está en lo alto de las montañas por sobre las otras naciones? ¿No es acaso la joya del océano? ¿No es acaso incomparablemente virtuosa, ideal y valiente? El resultado de tal enseñanza ridícula es un soso y superficial patriotismo, cegado de sus propias limitaciones, con testarudez de toro, completamente incapaz de juzgar las capacidades de otras naciones. Así es como se castra el espíritu de la juventud, se sofoca por medio de una sobre-estimación del valor propio. No sorprende entonces que la opinión pública pueda ser manufacturada tan fácilmente.
“Alimento pre-digerido” debiese estar inscrito en toda sala de aprendizaje como advertencia a todos quienes no deseen perder su personalidad y su sentido original de juicio, quienes, en vez, estarían contentos con una gran cantidad de conchas vacías y superficiales. Eso debería ser suficiente como reconocimiento a los múltiples obstáculos puestos en el camino de un desarrollo mental independiente del niño.
Igualmente numerosas, y no menos importantes, son las dificultades que confronta la vida emocional de los jóvenes. ¿No debe uno suponer que los padres deban estar unidos a los niños por las más tiernas y delicadas cuerdas? Debería uno suponerlo; sin embargo, triste como es, es, no obstante, cierto, que los padres son los primeros en destruir las riquezas internas de sus niños.
Las Escrituras nos dicen que Dios creó al Hombre a Su semejanza, lo que por ningún motivo ha sido un éxito. Los padres siguen el mal ejemplo de su amo celestial; hacen todo esfuerzo por dar forma y moldear al niño de acuerdo a su imagen. Se aferran tenazmente a la idea de que el niño es mera parte de ellos mismos — una idea tan falsa como injuriosa, y que solo aumenta la incomprensión del alma del niño, y de las necesarias consecuencias de la esclavitud y la subordinación.
Tan pronto como los primeros rayos de conciencia iluminan la mente y el corazón del niño, comienza instintivamente a comparar su propia personalidad con la personalidad de quienes lo cuidan. ¿Cuántos riscos duros y fríos encuentra su gran mirada curiosa? Pronto se enfrenta con la dolorosa realidad de que está aquí solo para servir de materia inanimada para padres y guardianes, cuya autoridad sola le da molde y forma.
La terrible lucha de la mujer y el hombre pensantes contra las convenciones políticas, sociales y morales debe su origen a la familia, donde el niño es siempre obligado a batallar contra el uso interno y externo de la fuerza. Los imperativos categóricos: Tú has! tú debes! esto es correcto! eso es incorrecto! esto es cierto! eso es falso! caen como violenta lluvia sobre la cabeza rudimentaria del joven ser y le imprime en sus sensibilidades que debe postrarse ante las largamente establecidas y duras nociones de los pensamientos y las emociones. Sin embargo las cualidades e instintos latentes buscan afirmar sus propios métodos peculiares de encontrar la base de las cosas, de distinguir entre lo que comúnmente se denomina incorrecto, verdadero o falso.
Se inclina a ir por su propio camino, ya que está compuesto de los mismos nervios, músculos y sangre, tal como aquellos que asumen dirigir su destino. No puedo entender cómo esperan los padres que sus niños crezcan para ser espíritus independientes, auto-suficientes, cuando hacen todo esfuerzo por abreviar y limitar las diversas actividades de sus hijos, el plus en cualidad y carácter, que diferencia a su prole de sí mismos, y en virtud de la cual son portadores eminentemente equipados de ideas nuevas y vigorizantes. Un árbol joven y delicado, que está siendo recortado y podado por el jardinero para darle una forma artificial, nunca alcanzará la majestuosa altura y la belleza que cuando se le deja crecer en su naturaleza y libertad.
Cuando el niño alcanza la adolescencia, se encuentra, sumado a las restricciones del hogar y la escuela, con inmensa cantidad de tradiciones rígidas de la moral social. Las ansias de amor y sexo se topan con la ignorancia absoluta de la mayoría de los padres, quienes lo consideran algo indecente e inapropiado, algo vergonzoso, casi criminal, a ser reprimido y combatido como una enfermedad terrible. El amor y los tiernos sentimientos en la joven planta se tornan en vulgaridad y ordinariez por la estupidez de quienes le rodean, de modo que todo lo lindo y bello es o bien aplastado por completo o escondido en las profundidades más internas, como un gran pecado, que no osa enfrentar la luz.
Lo más asombroso es el hecho de que los padres se privarán de todo, sacrificarán todo por el bienestar físico del niño, se desvelarán por las noches y temerán agonizantes cualquier mal físico de su amado; pero seguirán fríos e indiferentes, sin la más leve comprensión de las ansias del alma y los anhelos de su niño, ni oyendo ni queriendo oír el fuerte llamado del joven espíritu que demanda reconocimiento. Por el contrario, sofocarán la bella voz de la primavera, de una nueva vida de belleza y el esplendor del amor; pondrán el largo y esbelto dedo de la autoridad sobre la tierna garganta y no permitirán desahogo al plateado canto del crecimiento individual, de la belleza del carácter, de la fuerza del amor y la relación humana, que por sí solos hacen que la vida valga la pena vivirla.
Y sin embargo estos padres imaginan que quieren lo mejor para su niño, y que yo sepa, algunos realmente lo quieren; pero lo mejor significa la muerte y el deterioro para el brote en desarrollo. Después de todo, no están más que imitando a sus propios amos en los asuntos de Estado, comercial, social, y moral, reprimiendo por la fuerza todo intento independiente de analizar los males de la sociedad y todo sincero esfuerzo hacia la abolición de estos males; nunca capaces de asir la eterna verdad de que todo método que emplean sirve como el mayor ímpetu por hacer nacer un mayor anhelo por la libertad y un fervor más profundo por luchar por ello.
Esa compulsión está destinada a despertar la resistencia, todo padre y maestro debiese saberlo. Gran sorpresa se expresa ante el hecho de que la mayoría de los niños de padres radicales o bien se oponen a las ideas de éstos, muchos de ellos circulando los viejos y anticuados caminos, o son indiferentes a los nuevos pensamientos y enseñanzas de regeneración social. Y sin embargo nada hay de inusual en ello. Los padres radicales, aunque emancipados de la creencia de apropiación del alma humana, aún se aferran tenazmente a la idea de que son dueños del niño, y de que tienen el derecho de ejercer su autoridad sobre el niño. De modo que se disponen a moldear y formar al niño de acuerdo a su propia concepción de lo que es correcto e incorrecto, forzando sus ideas en él con la misma vehemencia que usa el padre católico promedio. Y, con esto último, sostienen la necesidad ante el joven de “hacer lo que te digo y no lo que yo hago.” Pero la mente impresionable del niño se da cuenta pronto que las vidas de sus padres están en contradicción con las ideas que representan; que, como el buen cristiano que fervientemente reza los días domingo, pero sigue rompiendo los mandamientos del señor el resto de la semana, el padre radical  acusa a Dios, al clérigo, la iglesia, el gobierno, la autoridad doméstica, pero sigue ajustándose a la condición que aborrece. Así también, el padre librepensador puede jactarse orgulloso de que su hijo de cuatro años reconoce la imagen de Thomas Paine o de Ingersoll, o que sabe que la idea de Dios es estúpida. O el padre social-demócrata puede señalar a su pequeña niña de seis años y decir, “¿quién escribió el Capital, querida?” “Karl Marx, papá!” O la madre anarquista puede hacer saber que el nombre de su hija es Louise Michel, Sophia Perovskaya, o que puede recitar los poemas revolucionarios de Herwegh, Freiligrath, o de Shelley, y que señalará los rostros de Spencer, Bakunin o Moses Harmon en todo lugar.
Estas no son exageraciones; son tristes realidades que he encontrado en mi experiencia con padres radicales. ¿Cuáles son los resultados de tales métodos de inclinación de la mente? Lo siguiente es la consecuencia, y no muy poco frecuente, tampoco. El niño, alimentado de ideas unilaterales, establecidas y fijas, pronto se agota de volver a tocar las creencias de sus padres, y sale en busca de nuevas sensaciones, no importa cuán inferior y superficial pueda ser la nueva experiencia, la mente humana no soporta lo mismo y la monotonía. Entonces ocurre que el niño o la niña, sobre-alimentado de Thomas Paine, caerá en los brazos de la iglesia, o votará por el imperialismo solo por escapar del determinismo económico y del socialismo científico, o abrirá una fábrica de blusas y se aferrará a su derecho de acumular propiedad, solo para hallar consuelo del anticuado comunismo de su padre. O la niña se casará con el primer hombre, mientras pueda mantenerse, solo para arrancar de la charla perpetua de la variedad.
Tal condición de los asuntos puede ser muy doloroso para padres que desean que sus hijos sigan su camino, pero yo lo veo como fuerzas psicológicas muy refrescantes y alentadoras. Son la más grande garantía de que la mente independiente, al menos, resistirá siempre a toda fuerza externa y extraña ejercida sobre el corazón y la cabeza humanas.
Algunos preguntarán, ¿qué hay de las naturalezas débiles, no deben ser protegidas? Sí, pero para poder hacerlo, será necesario darse cuenta de que la educación de los niños no es sinónimo de la instrucción y entrenamiento de ganado. Si la educación ha de significar realmente algo, debe insistir en el libre crecimiento y desarrollo de las fuerzas y tendencias innatas del niño. Solo de este modo podemos esperar al  individuo libre y eventualmente también a una comunidad libre, que habrá de hacer que la interferencia y la coerción del crecimiento humano sea imposible.
Emma Goldman
Fuente:

sexta-feira, 28 de outubro de 2016

“O tempo e as jabuticabas”, "Instantes", "El valioso tiempo de los maduros” y la muerte anunciada de Gabriel G. Márquez. Apócrifos, 2ª parte.

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Otras falsedades literarias llamadas textos apócrifos.
2ª parte.

En Brasil, como ocurre con otros textos y autores en todos los países del mundo, hay un escrito que circula con el título de “O tempo e as jabuticabas”, que se atribuye a Rubem Alves o a Mario de Andrade. Pero resulta que ese texto no pertenece a ninguno de los dos.

Es lo que llamamos “textos apócrifos”. Hay que aclarar que entendemos hoy ese término como un sinónimo de "falso", o de "incorrecto". Pero en realidad, "apócrifo" es una palabra de origen griego que significa "cosa oculta o escondida"

Otro buen ejemplo es "El valioso tiempo de los maduros”. Es otro texto que aparece en distintos posts atribuyéndoselo a Mario de Andrade, cuando la autoría aparentemente le pertenece a Ricardo Godim, escritor y teólogo, también brasileño como el mecionado más arriba. 
El autor es pastor evangelista y presidente de la Igreja Betesda, y del Instituto Cristão de Estudos Contemporâneos. Escribió una obra que lo diferencia del fundamentalismo brutal de la mayoría de los neo-pentecostales brasileños, llamada “Deus nos livre de um Brasil evangélico”.

En "El valioso tiempo de los maduros”, dice  Ricardo Gondim:

"Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que lo que viví hasta ahora…
Me siento como aquel chico que ganó una bolsa de caramelos, los primeros los comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a llegar a nada. Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas, que a pesar de su edad cronológica no han crecido. Ya no tengo tiempo para perderlo con mediocridades.
(...)
Pretendo no mal emplear ni tan solo uno de los caramelos que me quedan. Estoy seguro que serán más exquisitos que los que me he comido hasta ahora. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres estimados, y con mi conciencia.
Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también llegarás".
En fin, gustos son gustos, y con las letras no hay excepción.

Y otras más de las tantas ocultaciones literarias

La moda de los apócrifos no nació con la Internet. Viene de bastante tiempo antes. Hubo muchos otros casos parecidos a los que mencionamos arriba en la literatura; como el que comentamos en otro post anterior de este Blog, al hablar de la obra falsa de Don Quijote, publicada por Alonso Fernández de Avellaneda, que quiso aprovecharse de la fama del libro de Miguel de Cervantes Saavedra. 
Como vimos, esta farsa obligó a Cervantes a publicar de inmediato la segunda parte de su obra más famosa.

Y hasta hubo recientemente otro texto - mucho más moderno, digamos - que circuló por la internet y fue atribuído a Gabo, escritor más conocido como Gabriel García Márquez, pero al cual el colombiano le negó la autoría.

La muerte anunciada de Gabriel García Márquez

En mayo de 1999 empezó a circular por correo electrónico un poema apócrifo, "La marioneta", que fue atribuído a Gabriel García Márquez. En una breve introducción, el texto indicaba que el Nobel lo había enviado a sus amigos a mediados de mayo, al enterarse "que su grave enfermedad había recrudecido".

Aunque "La marioneta" podría ser atractivo para ciertos tipo de lectores, su calidad literaria es la de un amateur y no la de un premio Nobel. En un tono de despedida - que en España se llamaría "cutre" y en Argentina "mersa"- se especula amargamente sobre las cosas que su autor haría si Dios olvidara que es una marioneta de trapo y "le regalara un trozo de vida".

Este hipotético autor declara que no diría todo lo que piensa, pero en definitiva pensaría todo lo que fuera a decir, y luego desarrolla una serie de versos con paradojas sencillas - simplorias, digamos- como esa y otras frases-hechas alusivas a la nostalgia y a la esperanza de ser cada vez más humanos.
Haciendo honor a su título, el "poema" termina sospechosamente así: 

"Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, / pero realmente de mucho no habrán de servir, / porque cuando me guarden dentro de esa maleta, / infelizmente me estaré muriendo".

Todo esto no me parece pasar de un subproducto barato de la literatura llamada de autoayuda, tan desparramada en las mesas de las librerías como en la Internet,.

Ocurre que cuando "La marioneta" empezó a circular en la Internet, García Márquez sufría de un constante cansancio, tal vez depresivo. El 24 de junio de 1999 terminó siendo internado en una clínica de Bogotá por un supuesto síndrome de agotamiento general. En seguida, el 13 de septiembre, los médicos de Los Ángeles le diagnosticaron un cáncer linfático en estado avanzado y terminal.
La familia lo puso en tratamiento de inmediato y algunas semanas más tarde ya se anunciaba que había mejorado notablemente. 
El texto,muy oportunista, vino a presentarte como un anillo al dedo en tales circunstancias.

“Instantes”, supuestamente de Jorge Luis Borges

Al leer “La marioneta”, inevitablemente uno se acuerda del archisabido poema "Instantes", que también se le atribuye falsamente a J. L. Borges, pero que fue realmente escrito por Nadine Stein, o tal vez por el caricaturista, humorista, escritor y ilustrador estadounidense Don Herold, como lo asegura el investigador Iván Almeida en un minucioso estudio sobre el tema que causó tanto revuelo en su época, quizás porque la Internet y los mails eran una novedad por aquel entonces.

Lo que sí está claro es que “Instantes” no podría ser jamás de Jorge Luis Borges, como lo sabe bien cualquiera que haya leído alguna cosa del autor de “Fundación Mítica de Buenos Aires”. Lo más probable es que “Instantes” sea una versión en versos de “I’d pick more daisies”, del humorista Don Herold, texto que fue publicado originalmente como prosa en la revista Selecciones del Reader’s Digest en 1953.

A su vez, la música y letra del grupo brasileño Titãs, "Epitáfio", son conocidas por haberse inspirado en "Instantes". O sea, una creación basada en un texto apócrifo, con temas siempre recurrentes:

"Devia ter amado mais, ter chorado mais/Ter visto o sol nascer /Devia ter arriscado mais e até errado mais/Ter feito o que eu queria fazer/Queria ter aceitado as pessoas como elas são/Cada um sabe a alegria e a dor que traz no coração".

La última frase, por su parte, se parece también bastante a otra más famosa, la de Caetano Veloso: "cada um sabe a a dor e a delícia de ser o que é", de la música "Dom de iludir".

En fin, la fama del supuesto poema de Borges, de la mano de “Epitáfio” cruzó todas las fronteras imaginables, a tal punto que, durante el Teletón México de 2005, el invitado especial Bono Vox citó al vivo y en directo los versos de “Instantes”, atribuyéndoselos al “poeta chileno Jorge Luis Borges”.

Todo esto demuestra, una vez más, que poco es lo que se crea, y mucho lo que se transforma (y se copia, claro).
Y así se abren nuevas rutas sobre la incógnita que representa - para mí por lo menos- el accionar de quienes se camuflan atrás de un nombre famoso para hacer circular sus textos, a veces de dudosa calidad.

Javier Villanueva. São Paulo, 28 de octubre de 2016.

“Segundo tomo (falso) del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha". Apócrifos, 3ª parte.


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“Segundo tomo del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras”, por Alonso Fernández de Avellaneda

Prólogo

“Como casi es comedia toda la historia de don Quijote de la Mancha, no puede ni debe ir sin prólogo; y así, sale al principio desta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus letores que el que a su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra, y más humilde que el que segundó en sus Novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas. No le parecerán a él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron; y digo mano, pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, tiene más lengua que manos. Pero quéjese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte, pues no podrá, por lo menos, dejar de confesar tenemos ambos un fin, que es desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballerías, tan ordinaria en gente rústica y ociosa; si bien en los medios diferenciamos, pues él tomó por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más estranjeras y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e inumerables comedias, con el rigor del arte que pide el mundo y con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar”.
(Del prólogo del “Quijote apócrifo”, atribuído a Alonso Fernández de Avellaneda).

Siempre me despertó una enorme curiosidad la historia del texto falso, o de la falsa autoría – especificamente aquel que fue la primera prueba de galera- de “El Quijote apócrifo”, escrito no por la pluma de Miguel de Cervantes Saavedra, que firmó la primera parte de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha" y luego tuvo que correr para escribir y publicar la segunda, apremiado por la aparición de la obra falsa.

Habiendo publicado su primera parte a comienzos de 1605 la obra más conocida de la literatura en español, y una de las principales de la literatura universal, en 1615 Cervantes lanzó su continuación con el título de “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”.

Pero ocurre que, como venimos diciendo, la tal “2ª parte del Quijote”, la falsa,  ya había salido a la luz primero, y como se supo poco después de publicada, era la obra de un impostor.
Alonso Fernández de Avellaneda, que firmaba este falso segundo volumen de la obra de Cervantes, tal vez ni siquiera existió realmente, y su nombre era nada más que un pseudónimo creado por un desconocido.

El abanico de los muchos candidatos que podrían ser vestidos con la misteriosa personalidad del tal Avellaneda es muy amplio; va desde el padre dominico Juan Blanco de la Paz, que nació probablemente en 1538 y desapareció en 1594, hasta un joven sin sospechas, como Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza.

Y si exagerásemos un poco, usando y abusando de los mismos argumentos que se utilizan para defender las dichas hipótesis, tal vez podríamos incluir nada menos que al mismísimo Inca Garcilaso de la Vega, que por esos años vivía en Montilla, Córdoba.

“El Quijote apócrifo”, incluso, podría haber nacido de la pluma audaz de alguien que fuera totalmente desconocido en el ámbito literario - o en el político y el de las leyes, siempre tan vinculados con el de las letras-. Alguien que después de lanzar una obra tan atrevida no se hubiera vuelto a animar a escribir nada más. Podría haber sido, quién sabe, un escritor como Gregorio González, por ejemplo, cuya única obra conocida es "El Guitón Honofre" de 1604, que es una de las veinte novelas picarescas del Siglo de Oro en España. Además de ser, claro, la única riojana, es la 3ª en el orden cronológico de su escritura, siendo antecedida nada más que por el “Lazarillo de Tormes” y por la 1ª parte de “El Guzmán de Alfarache”. Dije “de su escritura” porque solo fue publicada en 1973, siendo desconocida por el público durante 370 años.
Este falso autor, lo confieso, es mi favorito y el preferido para vestir la máscara del simpático falsario Avellaneda.

Son innumerables los investigadores que trataron de desvelar el misterio de la verdadera identidad del curioso personaje que firmó el falso Quijote o “Quijote apócrifo”, cuyo prólogo audaz y atrevido, reproduzco al inicio de este texto.

Entre los muchos nombres supuestos como posibles autores del falso Quijote – y que se oculta (u ocultan) bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda- está el de Pedro Liñán de Riaza; esta hipótesis fue sugerida en 1902 por Adolfo Bonilla y San Martín, escritor y catedrático español que transitó entre los siglos XIX y XX, y que fue outra vez desarrollada, más recientemente, por Sánchez Portero y Pérez López.
Según todos ellos, Lope de Vega y Baltasar Elisio de Medinilla escribieron la segunda parte apócrifa de Don Quijote de la Mancha, la que lo desveló y apresuró a Cervantes, y que fue publicada en 1614, adelantándose un año a la verdadera, la auténtica 2ª parte escrita por el Manco de Lepanto.

Liñán de Riaza, que era amigo íntimo de Lope de Vega, era un poeta del grupo de los llamados "romancistas", como lo era el mismo Miguel de Cervantes y Lope que, aunque aparece en la famosa antología de poetas ilustres de Pedro de Espinosa Flores y es citado por Cervantes en su "Canto de Calíope", luego lo borra en su "Viaje del Parnaso", lo que debe significar tal vez ya un cierto distanciamento, o una abierta enemistad, como dicen otros, entre ambos.

No tuvo la suerte de pasar a la posteridad, este poeta que nació en Aragón en fecha desconocida y murió en 1607 - fíjense bien, dos años después de la publicación de la primera parte de "El Quijote" y casi diez antes de la publicación de la 2ª parte, la apócrifa, que para bien o para mal, se le atribuye. Al tratar de justificar la incoherencia de las fechas que a simple vista no cierran, Bonilla dice que Liñán de Riaza nada más dejó un esbozo de su “Quijote apócrifo” y luego, quien lo completó, editándolo y llevándolo a impresión fue su amigo Lope de Vega.


Otras falsedades literarias llamadas textos apócrifos

Hubo muchos otros casos parecidos en la literatura, como el que comentamos arriba, la obra falsa de Don Quijote, publicada por Alonso Fernández de Avellaneda, que quizo aprovecharse de la fama del libro de Miguel de Cervantes Saavedra. Como vimos más arriba, esta farsa lo obligó a Cervantes a publicar de inmediato la segunda parte de su obra más famosa.
Y hasta hubo recientemente otro texto - mucho más moderno, digamos- que circuló por la internet y fue atribuído a Gabo, más conocido como Gabriel García Márquez, pero al cual el colombiano le negó la autoría.

La muerte anunciada de Gabriel García Márquez

En mayo de 1999 empezó a circular por correo electrónico un poema apócrifo, "La marioneta", que fue atribuído a Gabriel García Márquez. En una breve introducción, el texto indicaba que el Nobel lo había enviado a sus amigos a mediados de mayo, al enterarse "que su grave enfermedad había recrudecido".

Aunque "La marioneta" podría ser atractivo para ciertos tipo de lectores, su calidad literaria es la de un amateur y no la de un premio Nobel. En un tono de despedida - que en España se llamaría "cutre" y en Argentina "mersa"- se especula amargamente sobre las cosas que su autor haría si Dios olvidara que es una marioneta de trapo y "le regalara un trozo de vida".
Este hipotético autor declara que no diría todo lo que piensa, pero en definitiva pensaría todo lo que fuera a decir, y luego desarrolla una serie de versos con paradojas sencillas - simplorias, digamos- como esa y otras frases-hechas alusivas a la nostalgia y a la esperanza de ser cada vez más humanos.
Haciendo honor a su título, el "poema" termina sospechosamente así: "Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, / pero realmente de mucho no habrán de servir, / porque cuando me guarden dentro de esa maleta, / infelizmente me estaré muriendo". Todo esto no parece pasar de un subproducto barato de la literatura de autoayuda.

Ocurre que cuando "La marioneta" empezó a circular en la Internet, García Márquez sufría de un constante cansancio, tal vez depresivo. El 24 de junio de 1999 terminó siendo internado en una clínica de Bogotá por un supuesto síndrome de agotamiento general. En seguida, el 13 de septiembre, los médicos de Los Ángeles le diagnosticaron un cáncer linfático en estado avanzado y terminal.
La familia lo puso en tratamiento de inmediato y algunas semanas más tarde ya se anunciaba que había mejorado notablemente.

Al leer el texto, inevitablemente uno se acuerda del archisabido poema "Instantes", que también se le atribuye falsamente a Borges, pero que fue realmente escrito por Nadine Stein, o tal vez por el caricaturista estadounidense Don Herold, como informa el investigador Iván Almeida en un minucioso estudio sobre el tema que causó tanto revuelo en su época, quizás porque la Internet y los mails eran una novedad por aquel entonces.

A su vez, la música y letra del grupo brasileño Titãs, "Epitáfio", son conocidas por haberse inspirado en "Instantes". O sea, una creación basada en un texto apócrifo, con temas siempre recurrentes:
"Devia ter amado mais, ter chorado mais/Ter visto o sol nascer /Devia ter arriscado mais e até errado mais/Ter feito o que eu queria fazer/Queria ter aceitado as pessoas como elas são/Cada um sabe a alegria e a dor que traz no coração".
La última frase, por su parte, se parece también bastante a otra más famosa, de Caetano Veloso: "cada um sabe a a dor e a delícia de ser o que é" de la música "Dom de iludir".

Todo esto demuestra, una vez más, que poco es lo que se crea, y mucho lo que se transforma; y abre nuevas rutas sobre la incógnita que representa - para mí por lo menos- el accionar de quienes se camuflan atrás de un nombre famoso para hacer circular sus textos, a veces de dudosa calidad.

Javier Villanueva. São Paulo, 28 de octubre de 2016.


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terça-feira, 18 de outubro de 2016

A 400 años de la muerte de Cervantes, la creación de Don Quijote

A 400 años de la muerte de Cervantes, la creación de Don Quijote

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La creación de Don Quijote

Es muy posible que Cervantes no ganara demasiado dinero con “El Quijote” por causa, en gran medida, de las muchas ediciones piratas.

Como un modo de compensarlo, la fama que Don Miguel de Cervantes Saavedra ganó con su obra principal le permitió publicar muchas otras producciones literarias que de otra manera, tal vez se habrían quedado en algún cajón escondido. Ese es el caso concreto de las “Novelas ejemplares”, las “Comedias y entremeses”, y “Persiles y Segismunda”.

El éxito, por fin, ocurrió en Madrid

En 1605, casi a punto de cumplir sus 60 años, Miguel de Cervantes publicó en Madrid, una novela que era totalmente ajena a todos los cánones literarios de su época.
El éxito inmediato de “Don Quijote” fue incendiario y tan fulminante en España, que siguió como un reguero de pólvora hacia toda Europa y América.

Si es que es verdad – como se supone- que Miguel de Cervantes concibió su Quijote durante su estadía en la prisión de Sevilla, probablemente debió empezar a escribir la obra al salir de la cárcel, en la misma ciudad, pero con seguridad que la terminó en Madrid, justo un poco antes de mudarse a Valladolid.

Madrid, la 1ª parte de “El Quijote”

La primera edición tenía 664 páginas y muchísimas erratas. La llamada “novela que cambia la novela” es producida en la imprenta de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha, en Madrid.

El librero Francisco de Robles, que es dueño de los derechos de autor, la vende al precio de 200 maravedíes y medio.
Esa 1ª edición no demora mucho en agotarse, y enseguida se van sucediendo centenas de y miles de reediciones, muchas de ellas clandestinas o sea, no autorizadas, y a veces ignoradas incluso, por el dueño de los derechos de autoría y por el proprio Miguel de Cervantes.


La obra fue lanzada en enero de 1605 y enseguida cosechó un éxito brutal, masivo e incontenible. Al cabo de dos meses se realizó una 2ª edición, a la que siguieron otras muchas en Lisboa, Valencia, Bruselas, Milán, Barcelona.
En el mismo año de 1605 se enviaron los primeros lotes de la novela al nuevo continente, tierras de reciente propiedad de España y disputadas por Portugal, Francia e Inglaterra: América.

Muy pronto “El Quijote” se tradujo al inglés, en 1612, y al francés en 1614. El propio Cervantes escribiría en 1615, en la 2ª parte de Don Quijote:

“Tengo para mí que el día de hoy estai impresos más de 12.000 libros de tal historia... ami se me trasluce qi ie no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga”.

No se equivocaba ni un poco Miguel de Cervantes en su previsión profética: el Instituto Cervantes inauguraba el 21 de abril de 2005, al cumplirse 400 años del lanzamiento de la obra, su exposición "Quijotes por el mundo", con 185 ediciones en 56 lenguas, precedentes de las 60 bibliotecas que la institución poseía en todo el mundo.
La obra que desde 1612 hasta llegar al siglo XXI ya se tradujo - sea integral o parcialmente- a más de 140 idiomas y variedades lingüísticas diferentes, continúa siendo traducida en nuevas ediciones a lenguas como el coreano, el quíchua o el guaraní.

Esta 2ª parte, que tuvo una recepción por parte del público igual de entusiasta que la primera, fue una tentativa por parte de Cervantes de cerrar el paso a los plágios, imitaciones de textos y falsas continuaciones de su primer volumen, entre ellas la más conocida, firmada por Alonso Fernández de Avellaneda en 1614.

Desde el principio, Don Quijote, el protagonista de la novedosa novela cervantina se vovió un personaje proverbial que circulaba en boca de todos y al que, incluso, se lo hacía desfilar en los carnavales callejeros de Europa.
Esto no ocurría, como digo, solamente en España, sino también en Flandes y Alemania. Y la popularidad internacional de Don Quijote queda atestiguada por la anécdota que relató uno de los censores - sí, porque la iglesia, totalmente liada com ele estado español continuaba inquirindo y censurando- de la 2ª parte del libro, el licenciado Márquez Torres, quien en febrero de 1615 tuvo una larga conversación con unos señores franceses que habían llegado a España con el embajador de su país, que “apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes cuando se empezaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos confinantes, se tenían sus obras”.

Cervantes se despide del mundo y de sus amigos

Los franceses que lo visitaron en 1615 se quedaron escandalizados también al descubrir que Miguel de Cervantes vivía en la total pobreza:

“¿Pues a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?”, dijeron.
Pero con seguridad tal pobreza no era total o absoluta, porque parece que Cervantes siguió metiéndose en diversos tipos de negocios casi hasta el final de su vida.

Consta que murió de hidropesía, una sed insaciable que es uno de los síntomas de diabetes o de la cirrosis biliar, enfermedades que afectan el páncreas y el hígado.
Cuentan que tres días antes de fallecer dictó la dedicatoria del Persiles:
“Ayer me dieron ia Extremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan”.

Dos días antes, escribía em el prólogo:
“Mi vida se va acabando... Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos”.

Pero, volvendo al principio, ¿cuándo y dónde nació Cervantes?

Durante los siglos esta pregunta representó un mistério doble. El primero se terminó aclarando después de ser encontrada su partida de bautismo, con fecha del 9 de octubre de 1547, labrada en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares.
En relación a la fecha exacta, solo se puede presumir que fue un 29 de septiembre, el día dedicado em el santoral a San Miguel.

Sigamos volviendo un poco hacia atrás. En 1581, vivendo en Lisboa, un verdadeiro aspirante a nada

Don Miguel de Cervantes llega Lisboa buscando nuevas oportunidades, que al final se quedarán otra vez en la nada. La nueva corte lisboeta está  llena de buscavidas – como el mismo Cervantes- y de aspirantes a cualquier cosa que les evitara trabajar, y hierve de vida comercial:

“En ella se descargan las riquezas de Oriente y desde ella se reparten por el universo”, dice el autor que luego va a desempolvar esos recuerdos amargos de ese paso, con su estadía inútil en Portugal, en algunos pasajes de la obra “Persiles”.

En 1592, en Castro del Rio, Córdoba, sufre un encarcelamiento fugaz, pero muy productivo

Cuentan los cronistas de la época que la vida de un recaudador de impuestos – y este era el oficio principal de Cervantes- no era nada fácil. El autor de “El Quijote” será acusado de vender trigo sin tener autorización e irá a pasar unos días arrestado en Castro del Río.
Muchos estudiosos de la obra cervantina suponen que fue allí donde nació en Cervantes la idea de “El Quijote”; pero otros tantos sostienen que fue más adelante, durante un nuevo encarcelamiento en la ciudad de Sevilla.

En Valladolid, 1603, siguiendo a la corte

Dicen que muy cerca del matadero municipal y en los cuartos superiores de una taberna, en un pequeño edificio en el que vivía mucha gente pobre amontonada, se instala toda la familia de Cervantes – el escritor, su mujer, hermanas, su hija y su sobrina– que llegan hasta la ciudad de Valladolid atrás del rastro de la corte y nuevas esperanzas de mejorar de vida.
Cuentan los investigadores cervantinos que es en medio de este clima de necesidades y apremios terribles, que Don Miguel de Cervantes termina la 1ª parte de “El Quijote”.


Agonía y muerte en Madrid, en 1616

Cuatrocientos años atrás, y ya promediando el mes de abril, el escritor comienza a convivir con la muerte que se le aproxima. La familia se había instalado en su casa de la Calle del León, en la esquina de la calle Francos - hoy llamada, claro,  Miguel de Cervantes-.
Recibe la extremaunción y firma la dedicatoria del libro “Persiles”; tres días después, el 22 de abril, muere, y al día siguiente es enterrado en una tumba del convento de las Trinitarias Descalzas.

J. Villanueva, São Paulo, 15 de octubre de 2016






segunda-feira, 3 de outubro de 2016

El matemático y la rosa. Por Susana Díez de la Cortina


De Lampreas y Boquerones
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La Opinión de Santiago de Compostela.

El matemático y la rosa

Por Susana Díez de la Cortina *


Pese a lo que le oí decir hace pocos días a un dignatario de la embajada alemana en España, Ludwig Wittgenstein -1889- no era alemán. Fue un ingeniero austríaco que se trasladó a Inglaterra para profundizar sus estudios en los fundamentos de la matemática y de la lógica; pero en realidad no eran estos últimos lenguajes los que le interesaban, sino los de la música y, sobre todo, los que los seres humanos componen con el mejor instrumento del que disponen, esto es: a Wittgenstein le interesaban sobre todas las cosas las palabras. 

En 1914 se alistó voluntario en el ejército y se dice que desde las trincheras escribió, en parte, sus obras más revolucionarias. Después de publicarlas y discutirlas con los más grandes filósofos y matemáticos de su época, Wittgenstein volvió a Viena para construirle una casa a su hermana; y así fue como, en unos años en los que Carnap, por ejemplo, escribía "La construcción lógica del mundo", Ludwig Wittgenstein se ocupaba de muros y fachadas y, sobre todo, de idear un hermoso jardín, puesto que a su hermana le encantaban las rosas. 

Contrató Wittgenstein para esa tarea a un experto jardinero y florecieron multitud de rosas. Entre ellas, una un tanto escondida, sin ser la más perfecta ni la más hermosa, recibía una atención especial del jardinero por su particular aroma, suave pero intenso. 
La flor era pequeña, y su tallo esbelto pero no totalmente recto, y a pesar de ello el jardinero -en lo que Wittgenstein le daba la razón- encontraba su curva muy graciosa; tenía pocas espinas, las justas para poder llamarse rosa, y su corola no era ni más frondosa ni colorida que otras, pero se mantenía firme y apretada, tal vez por la sombra de la tapia, o por crecer en tierra bien oxigenada... quién sabe. El caso es que su jardinero la cuidaba con mimo y ella le respondió multiplicándose sin perder la frescura. 

Wittgenstein, que admiraba todas las formas de belleza, se paraba a menudo a contemplar el cuidadoso trabajo del jardinero, y atento como siempre a las palabras, se sorprendió escuchándole decir a la rosa: "Tú das tu aroma a todos, ¿por qué no puedes, dime, contentarte con dármelo sólo a mí?". 
El filósofo, que ya era más inglés que austríaco para entonces, prestó gran atención desde aquel día a las conversaciones del jardinero con la rosa. Las palabras que le dirigía a la flor -cada vez más decaída, aunque todavía bella- le sonaron agrias en alemán a Wittgenstein, y le desagradaron. 

Por las tardes visitaba a la rosa, que apenas ya se abría de tan tímida, y le dirigía frases de aliento. Para alegrarla, le llevó un colibrí, pero ella temía que si se explayaba demasiado, su aroma la delataría y despertaría las sospechas del jardinero. Los reproches y la ira la iban mustiando, y Wittgenstein comprendía que trataba de decirle algo importante, pero ella no conocía el lenguaje de las palabras, lo único que sabía era oler bien. 

Sin embargo, Wittgenstein era sin duda un tipo inteligente además de sabio, y al final comprendió lo que la rosa, harta de los reproches del jardinero, le estaba suplicando: "¡Córtame!". Y así ocurrió que Wittgenstein, que al fin y al cabo temía por sus manos como todo músico (igual que lo era su hermano, para el que Ravel había compuesto su famoso concierto para mano izquierda, dado que se dice que había perdido la derecha en la guerra), protegiendo la suya con un guante del jardinero cogió la podadera, cortó la rosa y la colocó en un jarrón de la mesilla de noche de su hermana, donde la flor pudo dar en sus últimos días toda su fragancia, diciéndole con compasión y cariño aquello de "Los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo" por lo que luego se le recordaría -e incluso se le citaría en actos protocolarios educativos por parte de dignatarios alemanes deficientemente educados en materia de Filosofía-, como a uno de los más importantes pensadores de la historia.


* Susana Díez de la Cortina es filóloga y directora académica de AulaDiez
(www.auladiez.com), y autora de varios libros de poesía y de gramática del español para extranjeros.

domingo, 2 de outubro de 2016

El ejemplo del general Prats, que no traicionó a Salvador Allende


Foto: El General Carlos Prats, asesinado el 30 de septiembre de 1974 por la Dina junto a esposa Sofía Cuthbert. Fue un Oficial brillante de profundo sentido republicano y democrático.




El ejemplo del general Prats, que no traicionó al presidente Salvador Allende


La figura del ex comandante en jefe del ejército, general Carlos Prats González, se fortalece como ejemplo de ciudadano. Tuvo el mando de la institución desde fines de octubre de 1970 hasta pocos días antes del golpe. Sin compartir la ideología socialista del presidente Salvador Allende, mantuvo el profesionalismo y la lealtad hacia las autoridades constitucionales, enfrentando la conspiración de Estados Unidos, la derecha y sectores dirigentes de la Democracia Cristiana.

La  cercanía al presidente Allende, como ministro del Interior y de Defensa, y también vicepresidente de la República, le permitió valorarlo -según escribió más tarde- como “uno de nuestros gobernantes más lúcidos y osados del siglo XX y, al mismo tiempo, el más incomprendido”. 

Poco a poco los enemigos del general Prats ganaron terreno y finalmente lograron aislarlo, obligándolo a renunciar el 23 de agosto de 1973. Entregó el mando a su hombre de confianza, el general Augusto Pinochet Ugarte.

El asesinato de Prats en Buenos Aires, en el que también murió su esposa, Sofía Cuthbert, fue organizado y planificado por agentes de la Dina, en su mayoría militares, bajo las órdenes del entonces coronel Manuel Contreras que dependía directamente de Pinochet. Esto ocurrió poco después del golpe de septiembre en Chile, exactamente el 30 de septiembre de 1974, época también muy convulsionada en la Argentina de las "Tres A". ¹

La investigación de la justicia argentina no pudo alcanzar a los militares chilenos -cuya extradición fue negada por la Corte Suprema- y concluyó con la condena a prisión perpetua de un agente de la Dina, Enrique Arancibia Clavel, como “partícipe necesario” en el crimen. 
Posteriormente se abrió juicio en Chile, hace más de cinco años. Pero el ejército no ha entregado a la justicia de ninguno de los dos países antecedentes claves para la investigación -los que sin duda maneja- haciendo que esos procesos sigan dilatándose.

Con todo, el 30 de septiembre, el ejército rindió honores a la memoria del general Prats en una ceremonia especial con asistencia del comandante en jefe, altos oficiales y autoridades, reparando, de acuerdo al protocolo militar, un agravio injustificable mantenido desde su asesinato tramado por sus compañeros de armas.

Por autoridad, rango y carácter, el general Carlos Prats fue un destacado oficial constitucionalista que trató de mantener a todo trance la subordinación militar a las autoridades legítimas. Se jugó a fondo para evitar el golpe de Estado y el baño de sangre que significó el derrocamiento del presidente Salvador Allende. Tuvo ideas claras de progreso y avance social. Apoyó la nacionalización del cobre y la participación de los uniformados en el fortalecimiento de la soberanía y el desarrollo de la economía del país, pasando de la visión abstracta de la independencia y autodeterminación a otra vinculada directamente al manejo de los recursos esenciales -naturales, industriales, y financieros- que permiten hacerla efectiva frente a potencias hegemónicas, grandes corporaciones y centros de poder interno. También fue una de sus preocupaciones la elevación del nivel profesional de las fuerzas armadas, dentro de una concepción de defensa nacional que compartió plenamente con el presidente Allende. Poco antes de su muerte, Prats escribió en el exilio: “Sería una cruel ironía del destino que cuando se escriban serenamente las páginas de la historia de Chile de los últimos cuarenta años, se esclarezca que el gobierno que en dicho lapso tuvo una concepción más nítida de la seguridad nacional y que demostró con hechos el mayor interés en los problemas de la defensa nacional fue, justamente, el gobierno de Allende, derrocado por las Fuerzas Armadas y de Orden”. 

Prats es la figura antagónica de Pinochet. Representa la lealtad, la consecuencia, la honradez, la valentía y el honor militar, atropellados por su sucesor que hizo de la traición y el disimulo una norma de conducta. Con todo, Pinochet supo interpretar lo que realmente ocurría en los principales mandos de la FF.AA. y especialmente en el ejército. La mayoría de los generales y mandos medios estaban ganados para el anticomunismo, las posiciones antipopulares y la subordinación a Estados Unidos, favorecidos por un profundo odio de clase y aspiraciones elitistas. Pinochet encarnó ese espíritu y no vaciló en liquidar a todos los que se opusieron a sus planes. Desencadenó una represión implacable para imponer un modelo ajustado a los intereses del imperialismo, las transnacionales y la gran burguesía.

Entretanto, el comandante en jefe del ejército, general Juan Emilio Cheyre, sigue buscando una salida para los militares procesados o imputados por crímenes contra la humanidad por la vía de responsabilizar a los civiles -cuidándose de criticar a la derecha y a EE.UU-, como la ruta para exculpar -y asegurar la impunidad- a militares que deshonraron el uniforme violando las leyes de la guerra y toda normativa nacional e internacional. 

Cheyre disimula la presión que ejerce con sus declaraciones y esgrime como argumento la tardanza en la tramitación de los procesos. Calla que durante 17 años fueron las FF.AA. las que impusieron silencio sobre los crímenes cometidos por agentes suyos, a los que beneficiaron con una autoamnistía, y que en los 14 años de transición han eludido sistemáticamente entregar antecedentes cruciales en los distintos procesos.

El general Carlos Prats González murió convencido de la necesidad de un ejército comprometido con la democracia y el progreso social, eficiente y respetuoso de las personas. Sus ideas siguen pendientes, más allá de reconocimientos retóricos.

Desde hace años, el ejército enfrenta un camino que no está en condiciones de recorrer atado al pinochetismo, a situaciones de privilegio constitucional, legal y material, con creciente acercamiento a la estrategia global de Estados Unidos. 

Pero no hay indicios que el ejército pretenda hacer las reformas de fondo que requiere, las que deberían comenzar por asumir responsabilidades en los abusos de la dictadura y repudiar a los oficiales y clases que mancharon el uniforme al asesinar y torturar, con extrema crueldad, a otros chilenos para imponer un modelo que provoca una catástrofe social que se oculta.

Ni el ejército ni las otras ramas de las FF.AA. parecen tener interés en dejar de ser una amenaza para la democracia y el progreso. Se empeñan en seguir siendo la reserva armada de los círculos más retrógrados de una sociedad amarrada a la globalización capitalista, cada vez más dependiente de la superpotencia imperial.
Honor y Gloria al General Patriota, Carlos Prats González.

Por Felipe Henríquez Ordenes 
De: 
http://retazosdememoriachilena.blogspot.com.br/2015/09/el-ejemplo-del-general-prats-41-anos-de.html


Nota 1: Ver en "comentarios".