domingo, 10 de maio de 2015

Nuevas mentiras y más ocultaciones. La extraña desaparición de Xavier Vilanova. 3ª parte.


Foto de Rosita Díaz Gimeno que, junto a Imperio Argentina, fue una de las dos grandes actrices del cine español durante el periodo de la II República; muchos la confundían con Clarita, hija de Primo de Rivera.
3ª parte
Nuevas mentiras y más ocultaciones

Buscando en el archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de España, el historiador Juarez Rojo encontró un pedido oficial que hacía el comando del ejército en Cataluña para obtener alguna información sobre el paradero de Vilanova; lo consideraban desertor, puesto que no se había presentado al servicio militar obligatorio en febrero de 1943. El Ministerio respondió que Villanova era –en aquella fecha al menos- un empleado del astillero Deutsche Werke en Kiel, en la Alemania norteña.

Completamente alejado de la lucha antifascista, Vilanova era en realidad, apenas uno de los más de 20 mil españoles que emigraron para trabajar al servicio del Tercer Reich bajo un acuerdo de 1941 entre el gobierno del dictador español Francisco Franco y Adolf Hitler.

Cuando supe que Vilanova no fuera deportado, sino que fue voluntariamente a Alemania, vi que algo muy extraño estaba ocurriendo, le dijo Rojo a la periodista de la BBC.
Pero aún tenía mis dudas sobre algún posible error, o alguna falla de memoria de Vilanova, dado que algunos trabajadores voluntarios, sí, tuvieron problemas serios con el régimen, aunque hubieran ido a colaborar voluntariamente con el nazismo, y terminaron en campos de concentración.
Durante meses, el historiador buscó una explicación directamente de la boca de Vilanova. Y así descubrió que el profesor había sido detenido brevemente en Kiel, pero que fue nunca condenado, ni mucho menos enviado a un campo de concentración.

Siendo así, y no pudiendo hacer que Vilanova le contara ningún nuevo detalle esclarecedor, durante el encuentro organizado para conmemorar el 60º aniversario de la liberación del campo de Mauthausen, Rojo envió un largo informe sobre el caso a la oficina del gobierno español y a la Asociación Amical, en la que se concentran los veteranos españoles presos por el nazismo. Y se quedo esperando.

¿Qué más podía hacer yo? dice, el historiador había decidido hacer público lo que ya sabía o se sospechaba, y que sería una declaración muy controvertida.
Ya en el camino a Austria, un poco antes de la ceremonia en Mauthausen, Rojo leyó en el diario que Vilanova tuvo que volverse a Barcelona por estar muy indispuesto. Por lo visto, se había terminado la farsa. El profesor Xavier Vilanova confesó haber sido un voluntario, y no uma víctima directa del Tercer Reich. Finalmente admitió abiertamente que nunca estuvo en un campo de concentración, aunque llegó a argumentar que fue arrestado brevemente “por conspirar contra el Tercer Reich”, pero reconoció que nunca fue liberado por las tropas aliadas, en 1945, al final de la II guerra mundial, como decía anteriormente.

A la edad de 98 años, Vilanova lamentó públicamente la mentira de la que había alardeado durante cinco décadas, afirmando que su objetivo era nada más que mantener viva la memoria de las víctimas españolas de Hitler.

Volviendo un poco más hacia atrás

Habíamos dicho antes que el historiador madrileño Rojo, que era un especialista en archivos, ficheros y memoria, tenía en su historia personal el haber nacido hijo de un próspero vendedor de helados de Córdoba, Argentina, a fines del siglo XIX, que se había trasladado a São Paulo al empezar el siglo XX. Más tarde, ante el fracaso de la venta de sus productos en Brasil, había emigrado a España. Esos paralelismos de la historia de Juárez Rojo con la saga familiar de Xavier Vilanova, lo llevaban al historiador a suponer que sí, que realmente existe una fórmula secreta del tiempo, algo así como una especie de dibujo de líneas, un plano de la memoria humana que se repite, con o sin conciencia de los actores del drama o la comedia que les toca vivir; o tal vez, pensaba Rojo, que las famosas arrugas del tiempo se confirman, permitiendo “repeticiones” de hechos que en su momento pudieron parecier únicos.

Pero, sea como fuere, la cosa es que el investigador madrileño vino a saber que el padre de Vilanova –un portugués descendiente de judíos marranos –o conversos- también había hecho el camino de Argentina a Madrid y de allí a Barcelona, justamente a inícios del siglo XX, lo que puso a su hijo del medio –nuestro profesor Xavier- en el camino de una fiesta fatal. El tal evento ocurrió en noviembre de 1927, pocos meses después que Primo de Rivera convocara a todos los coroneles de la guarnición de Barcelona y horas más tarde proclamara el estado de guerra y la proclamación de una nueva dictadura. Sesenta dias después, el destino cruzó al joven Xavier con Clarita, nada menos que la hija menor del flamante dictador.

Menos de una semana después del golpe de Primo de Rivera, el 18 de septiembre, había ocurrido el asalto a la caja de ahorros de Terrassa, y son detenidos los anarquistas Josep Saleta “Nano” y Jesús Aguirre Pascual, que el 21 de septiembre pasan por un juicio sumarísimo en el que son condenados a muerte. Dos dias después, se ejecuta la sentencia a garrote vil, y Josep Saleta grita su ¡Aixins moren els homes per l’anarquía!, ¡Visca l’anarquia!

Pero ocurre que Xavier y su hermano menor, Oscar, se consiguen una changa de trabajo de una noche, como meseros, en el Palacio de la Capitanía, en el que se hospedaba el dictador. Y al cruzarse de pronto con Clarita, a ambos jóvenes se les despierta el fuego de la curiosidad que lleva al coqueteo, que inevitablemente termina siempre en enamoramientos fugaces y muy peligrosos, como lo era el caso cuando se trataba de la hija del dictador, y en aquellos días en que cualquier trabajador joven era sospechoso.

En menos de 20 minutos Xavier fue llevado a la presencia del general Primo de Rivera, que conversaba alegremente con los hijos del Marqués de Alella y el jefe de la guardia urbana, señor Ribé. Hacía pocos minutos que el dictador había celebrado la inauguración del primer teléfono automático en Jeréz de la Frontera, su pueblo natal, y se lo veía alegre. Sin embargo, apenas vio entrar al asustado joven –nuestro Xavier Vilanova- se levantó y tomó el máuser que descansaba a poca distancia, apoyado en el brazo de su sofá y, apuntándole a la cabeza le dio apenas dos opciones: o salir inmediatamente de Barcelona y de España, o dejar allí mismo sus sesos desparramados por toda la sala.
Xavier no lo pensó dos veces y desapareció. Emigró hacia Francia, al país basco del norte, a la casa de su tío Luis Unzaga, hermano menor de su madre.



Continuará
Javier Villanueva. Buenos Aires, 8 de mayo de 2015.

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