sábado, 17 de outubro de 2015

El 17 de octubre, relatado por “el viejo Pedro”





Mucho he escrito en este Blog JV sobre el Viejo Pedro Milesi; una parte puede ser fantasía, sobre todo en los enredos, los guiones mágicos; pero el marco histórico es siempre real, objetivo e indiscutiblemente verídico.
Y acá va hoy, 17 de octubre, a 76 años de una de las tantas gestas de lucha de los trabajadores argentinos, unas palabras de Pedro.
Nunca fui peronista y, entre las dictaduras de Onganía y la de Videla, luché contra Lopez Rega e Isabelita Perón, propuestas neo-fascistas que anidaban como serpientes dentro de la democracia que las Juventudes Peronistas y la lucha espontánea de los trabajadores trajeron al país en las elecciones de 1973. Pero, igual que el Viejo Pedro, sé distinguir lo que es un movimiento popular de lo que son las banderas partidarias, me gusten o no las consignas, tengo la obligación de estar junto al pueblo y, sobre todo, en contra de sus enemigos. (JV)

La epopeya fundacional del peronismo atrajo a la plaza a numerosos militantes de diversos sectores que luchaban por un cambio en favor de las clases desprotegidas. Uno de ellos fue Pedro Milesi, conocido como “el viejo Pedro”, un luchador gremial de formación comunista y socialista nacido en Córdoba en 1888. Participó en gestas como “El grito de Alcorta” (1912) y en las barricadas de “La Semana Trágica” (1919), así como acompañó a su amigo Agustín Tosco en tiempos del “Cordobazo” (1969). Al “Viejo Pedro” lo sorprendió la muerte en 1981 cuando vivía escondido de la dictadura en la clandestinidad. Recientemente se ha publicado su emotivo relato sobre lo que vio y sintió aquel 17 de octubre de 1945.


El 17 de octubre, relatado por “el viejo Pedro”

He acompañado caminando kilómetros a esa multitud. Hemos pasado frente a fábricas, talleres y usinas a cuyas puertas se encontraban como de guardia, algunos vigilantes y conscriptos que al vernos nos miraban un tanto sorprendidos - quizá por nuestro pacifismo -. No nos invitaban a entrar. Por supuesto. Pero tampoco se hubieran opuesto si lo hubiéramos intentado. De ello estoy bien seguro. (…)

Asistíamos a una especie de palingenesia social: a excepcionales momentos que rara vez se dan en la historia, pero que no obstante se dan, y en los que partes integrantes del ejército y de la misma policía, llegan a confraternizar con la clase trabajadora. De ahí que estas fuerzas a nuestro paso dieran vuelta la cara y “distraídamente” miraran para otro lado... (…)

¡Yo he vivido esos momentos, chango! No me los han contado, compañeros Peronistas de Base. He acompañado paso a paso a esas largas caravanas integradas por hombres, jóvenes y viejos, mujeres y niños.

Por los caminos polvorientos de Quilmes, Bernal, Villa Dominico, La Mosca, Piñero y Avellaneda. Muchos venían en chatas o camiones de más lejos aún: Berisso o Ensenada. Obreros y obreras de los frigoríficos, alma y nervio de la insurgencia obrera, hizo eclosión aquel 17 de octubre. Venían liderados por Cipriano Reyes –pese a todo, reconozcámoslo-.

He cargado sobre mis hombros algunos de los pibes lloriqueando, muertos de cansancio se negaban a seguir caminando. Y seguíamos y seguíamos.

A nuestro paso las mansiones y los chalets cerraban sus puertas. Pese al clamor de las madres que imploraban agua para sus hijos. ¡Solo en las puertas de los pobres caseríos de nuestros hermanos proletarios aparecían sonrientes mujeres con trozos de pan.

¡Alguna fruta y jarras y baldes de agua con que calmar nuestro hambre y nuestra sed! ¡Benditas sean, hermanas! Y llegamos. Pese a los puentes sobre el río - ¿dónde estaba entonces la cooperación del ejército y la policía? – que el miedo y el odio burgués hiciera levantar como obstáculo. ¡Llegamos!

Calle Montes de Oca, arriba, luego Piedras, llegamos por fin a las plazas de la capital en cuyas fuentes – que me perdonen las finas y sensibles pituitarias de los Américos-Rodolfos-Ghioldi– sumergimos nuestros cansinos, llagados y sanguinolentos pies; enjugamos nuestro sudor y no faltó quien en el evento, ardiendo de sed (¡qué asco, pero qué asco, chicas del barrio Norte!) llegaron a abrevar en sus aguas.

Si compañeros, todo eso yo lo he vivido. Esa insurgencia fue eminentemente proletaria, instintiva, espontánea, sentimental, sin orientación doctrinaria. LOS ENCARGADOS DE DAR ORIENTACIÓN CLASISTA, DOCTRINARIA Y POLÍTICA, SOCIALISTAS Y COMUNISTAS, SE ENCONTRABAN EN AMOROSO COLOQUIO CON LOS PEORES GORILAS Y LOS MÁS ACÉRRIMOS ENEMIGOS DE LA CLASE TRABAJADORA, enarbolando banderas y voceando consignas extrañas u opuestas a las reales y verdaderas consignas de la clase obrera.


Extracto de “Una vida dedicada a la causa del socialismo”, en Revista La Roca, Nº 1, pág. 154, dic. de 2014, Editor Alejandro Asciutto. 

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