quinta-feira, 7 de setembro de 2017

Hugo Pratt en la Argentina

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Luego de 20 años de recorrer aventuras por mares y tierras, vivir revoluciones, buscar tesoros, Corto Maltés llega a Buenos Aires en 1923. Hugo Pratt cuenta en el álbum Tango no solamente esta aventura de Corto, sino también describe una Argentina viviendo una época económica de oro y de gran crueldad humana con el tráfico de prostitución descripto por el periodista Albert Londres en Los Caminos de Buenos Aires. Los dos especialistas hablarán del Corto Maltés, de sus aventuras porteñas y argentinas, de esta Argentina soñada y turbia pero también de su autor Hugo Pratt, quien vivió más de 10 años en este país.


Hugo Pratt en la Argentina


Por Gabriel Fernández *
LA SEÑAL MEDIOS, 19 julio de 2017

En 1949 Hugo Pratt llegó a la Argentina. El gran autor fue contratado por Editorial Abril. Si su producción resultó fructífera y brilló en cooperación con Héctor Germán Oesterheld, un dato relevante lo vincularía un poco más a esta tierra: se consustanció, o quizás se enamoró, de una Argentina que reflotaría una y otra vez en sus creaciones.

Tan es así que tiempo después situó, en una aventura temporalmente ubicada en 1924, a su máximo personaje, el Corto Maltés, en Buenos Aires.

Sin embargo, para los lectores de Conexión emerge una referencia singular, porque dibujó –a modo de fotografía turística- al romántico héroe en las esquinas de Pedro de Mendoza y Almirante Brown.

Durante un tiempo entonces, el Corto circuló por La Boca.

Y luego transitó otras regiones del entorno en una trama atractiva, melancólica y atravesada por momentos vibrantes que lo llevó por locales tangueros, estaciones de tren, caminos oscuros.

Pratt consiguió aprehender el ambiente porteño.

Como en sus otras historias, esa sensibilidad le permitió abordar la narración con veracidad.

Se ha señalado que una clave relevante de la secuencia del maltés surge de los datos cronológicos corroborables.

Conflictos bélicos, reyertas parciales, episodios con protagonistas que dejaron huella.

Es cierto, pero cabe indicar que el otro ingrediente es la naturalidad con la cual el autor ingresa a la historia, la deja desplegarse y asume los climas.

Sucede que Corto Maltés es una obra encantadora.

Fascinante.

Su lectura promueve emociones y al mismo tiempo ellas quedan envueltas en una calidez especial, acompasada por la ironía y la complicidad con un lector que si por un lado conoce el carácter esquivo de la figura, se sorprende ante circunstancias que, también, irrumpen ante los ojos del Corto.

INTERRROGANTES y DUALIDADES.

La pregunta que tantos seguidores se han hecho es, tomando en cuenta esos rasgos bien personales ¿qué mueve el andar del Corto Maltés?

Pratt juega con la discontinuidad entre el decir y el hacer.

El marinero afirma su búsqueda de riquezas y su desinterés por causas y luchas.

El marinero, ante cada desafío que se abre en su sendero, opta por acciones que le impiden acceder a los beneficios y se liga a banderas justas que no estimaba propias.

Es que la interioridad del maltés es digna.

Define su andar por encima de su voluntad.

Se adentra en situaciones que, más allá de lo previsto, exigen definiciones.

Y las definiciones son adoptadas por un esquema de valores que late en su ser y trascienden holgadamente los presupuestos fijados al inicio de la aventura.

Así, entre cobrar un suculento rescate por los pibes de una familia poderosa hallados a la deriva, opta por protegerlos y a través de un extenso zigzagueo, fomentar su libertad.

Así también, se compromete al traslado de una niña armenia amenazada por los controles turcos, en medio de disparos y amenazas.

Y así contribuye a dejar un puente hacia las nuevas generaciones de luchadores en el Matto Grosso, en vez de desentenderse de un problema inicialmente, ajeno.

Es el contraste entre los objetivos primarios del buscador de oro y su quehacer práctico lo que nos identifica con el maltés.

No es inexacto entonces comparar esa espiritualidad con la del orillero libre, anárquico y chusco, heredero del gaucho, en nuestra ciudad.

Especialmente en el Sur de Buenos Aires, donde esos personajes fueron articulando un modo de ser bravío y de difícil control para las autoridades.

Probablemente Pratt aprehendió esos rasgos y supo que se adaptarían a su creación.

Sin olvidar que, cuando alguien le pregunta por qué se inclina en tal o cual dirección, responda “por dinero”.

No se lo cree el Corto, lo lamenta su amigo – negativo Resputín, con quien compone una dupla admirable y psicológicamente intensa.

El andar de ambos es opuesto pero confluye.

La conjunción es muy distinta de otras parejas famosas, donde la armonía conceptual es limada sólo por las diferencias formales.

Aquí la distancia es de fondo, y sin embargo, deambulan juntos, insultándose, golpeándose, salvándose, por todo el orbe.

Vale un comentario. El maltés explica en un episodio que Rasputín “es malo, pero no lo sabe”.

A tal punto llega la admisión de la amistad contrastante, que cuando el salvaje ruso asesina innecesariamente a la dama de la cual Corto Maltés se había enamorado, a la vera de un tren, sobre un paisaje nevado, todo se resuelve con una buena pelea a las trompadas; pero luego de la reyerta, ambos siguen sus caminos, juntos.

Es decir, no hay crimen que Corto no termine perdonando a Rasputín, a pesar de operar en un sentido diametralmente opuesto.

Los valores intrínsecos del maltés lo llevan a favorecer la justicia, a arriesgarse por los débiles, a situarse naturalmente del lado popular de los acontecimientos.

Suele declamar lo contrario, y tales aspiraciones mercenarias son plasmadas por su compañero.

Todo, envuelto por un clima suave, en un andante que brinda el tono a las historias.

Como dato relevante, cabe indicar que las películas animadas realizadas en derredor del enorme invento de Pratt son leales a los originales y pueden disfrutarse sin prevención.

A quienes primero nos acercamos a la obra a través del dibujo original, puede sorprendernos gratamente el traspaso al movimiento, que se caracteriza por un respeto estricto del sentido profundo de la labor del historietista.

Como sabemos, no siempre es posible decir lo mismo cuando el papel se traduce en la pantalla.

GF

Hugo Eugenio Pratt nació en Playa de Lido, entre Ravena y Rimini, Italia, un 15 de junio de 1927.

Después de transitar el mundo, falleció en Grandavaux, Suiza, el 20 de agosto de 1995.

Provenía de una familia compuesta por franceses, anglosajones, venecianos.

Tres mujeres fueron importantes en este período de la vida de Pratt: la yugoslava Gucky Wogerer, con la que se casó en Venecia en 1953 y con la que tuvo dos hijos (Lucas y Marina); Gisela Dester, que fue su asistente y después su compañera, y Anna Frogner, con la que tuvo otros dos hijos, Silvina y Jonás.

Ninguno de sus hijos acabaría dedicándose al cómic: Lucas trabajó en la inseminación de vacas en la Argentina y Jonás era matemático.

Entre 1949 y 1962 vivió en la Argentina.

Trabajó junto a Oesterheld, Francisco Solano López, Juan Luis Salinas, José Muñoz. Participó de Editorial Abril y Editorial Frontera.

Brindó clases de dibujo con Alberto Breccia en la Escuela Panamericana de Arte.

Luego retomó su recorrido europeo.

Su labor nos deleita en el presente.

GF

Autor del texto: Gabriel Fernández es el Director de La Señal Medios / y el Sindical Federal / Trabaja en el Area Periodística de Radio Gráfica.

Texto publicado en el periódico Conexión 2000 Arte y Cultura.

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