El sexto cuaderno “Laprida” sigue sin aparecer; pero el cuarto (o el quinto, todavía no se sabe si es ese el órden correcto) es más largo y también más denso; hay menos espacios en blanco y la letra manuscrita en lápiz tinta violáceo es más apretada. Aunque ya empiezan a esbozarse algunos personajes, todavía la trama me parece bastante difusa e indefinida; por ejemplo, no sé a esta altura todavía, qué pasó con Carlos Prestes y su persecusión infructífera de Javier Villanueva; leo:
“Tres días después, Graciela y Raquel volvieron a la Patagonia , y mi tía Gringa y el tío Luis quedaron encargados de cuidarme. Saber que estoy tan cerca de los dos me devuelve la imaginación a Las Chacras, a sus caminos de tierra apisonada, a las siestas calientes en la finca del abuelo y a la historia fantástica ocurrida en la Casa de los Ovejero.
Me adormezco y empiezo a recordar con preciosos detalles una de mis tantas escapadas, allá por los años setenta, cuando vivía entre Buenos Aires y Córdoba, de visita a la tía Gringa y a mis abuelos en Catamarca.
Me acuerdo bien que la huelga de taxis y de los ómnibus locales se desató sin piedad en la ciudad de Catamarca ni bien me bajé del micro de la Cacorba , en la vieja terminal. Primero pasé por lo de la abuela Juana y don Samuel, mis abuelos paternos, que vivían a pocas cuadras de allí, para verlos un rato y por si acaso algún primo me podía acercar hasta las Chacras, a Piedra Blanca o a la Falda ; pero no tuve suerte, habían salido. Lo busqué al tío Luis en lo de Ramón Sánchez. Pero tampoco había nadie en casa.
Lea más en "Crónicas de Utopías y Amores, de Demonios y héroes de la Patria" J.V. São Paulo, 2006.
Nenhum comentário:
Postar um comentário